Lidiar con las fechas de entrega

octubre 24, 2012 § 1 comentario

Ciclo_Procastinacion

(Photo credit: Elías Fernández)

El bloqueo del escritor es un artificio, el eufemismo reconfortante de quien  se desconoce. Por eso hay mil maneras de salir del atolladero, arremangarse y consignar dentro de esas fechas de entrega, tan necesarias para lograr objetivos aunque amoldemos nuestro cotidiano a ellas, lo que provoca pereza, que lleva a la procastinación que conduce a… bueno, a no realizarlas.

Las fechas de entrega no son un monstruo que puede arrojarte a una vida de desesperación y fracasos estrepitosos, convirtiendo tu maltrecho nombre de picateclas en polvo atómico porque se acerca tu caducidad. ¿Qué tal si solo piensas que más temprano finiquitas, mejor? 

Si están en tu mano, recuerda que programándolas demasiado pronto no llegarás ni por asomo, y más allá te encontrarás rellenando el rato diciéndote que «todavía hay tiempo»… y  te beberás cafeteras a pares la noche previa.

Un día o una hora límite no excluyen otras. Es más fácil acometer tareas pequeñas, dividiendo tu jornada o proyectos en varios segmentos, organizando qué escribirás en cada momento. Amén que esas tareas menores se convierten en un esqueleto de trabajo formidable para propósitos grandes.

Y puestos a ordenar: ¡sacúdete las obligaciones cuanto antes! Adecenta tus alrededores, cumple los recados aquí y allá y prioriza. ¿Quizá eres de los que carrerilla durante el día? Comienza por labores sencillas y rápidas. ¿Que eres alguien expeditivo? Finiquita lo más complicado y tómate como minucias los quehaceres rápidos después de tanto trabajo duro. Y sí, ésto también sirve al poner los dedos a la tecla.

Descansa ocasionalmente. Pasarse trece horas sentado es factible —máxime atravesando momentos de profunda inmersión—, aunque te sorprendería cuánto funciona levantar el trasero cinco o diez minutos cada treinta, tomarse un café o fumarse un cigarrillo en la terraza o el balcón y volver a escribir después. Si te preocupa perder el hilo deja una frase a medio parir, anota la idea de tu siguiente párrafo o pega un post-it.

Otorga importancia a la maldita fecha de entrega, que una cosa es que no te vaya la vida en ello y otra, distinta, es que te dé igual o no cumplirla. Ten decencia si hay quien cuenta con tu trabajo, copón.

Y, sobre todo, quien mucho abarca poco aprieta. Peor que perder los estribos por una fecha de entrega es que se quiebren tus nervios como un barquillo en manos de un niño de tres años. Hay días buenos y días malos, recuérdalo antes de embarcarte en otros menesteres, estructura tu tiempo y respetar las fechas será un juego.

Personalmente me apremian las fechas de entrega que deben cumplirse sí o sí. Un levantamiento de confidencialidad, un evento en directo, las situaciones que no aceptan prórroga me pirran. Mantener un tren de vida basado en el todo o nada porque sí terminaría trastornándome seriamente, por lo que fragmento mi jornada por horas, como tiempos de entrega diarios con márgenes de 30 minutos y así, con paciencia, avanzo en cuatro proyectos a la vez.

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