Chuck Wendig: 25 cosas a dejar de hacer por los escritores (ahora mismo, joder)

octubre 2, 2012 Comentarios desactivados en Chuck Wendig: 25 cosas a dejar de hacer por los escritores (ahora mismo, joder)

REVENGE OF THE PENMONKEY: Wallpaper #1

(Photo credit: curious_spider)

Traducción parcial del artículo de Chuck Wendig, aparecido en Terrible Minds: 25 things writers should stop doing (right fucking now)

  1. Deja de huir. Aquí tienes tu historia. Tu manuscrito. Tu carrera. ¿Qué coño haces corriendo en la dirección contraria? La escritura nunca te perseguirá, eres tú quien necesita perseguirla a ella. Si la quieres, persíguela. Y no es solo cierto a lo largo de toda tu carrera, también para ciertos componentes. Quieres hacer una cosa, terminas haciendo otra. Quieres hacer una novela y vas y escribes unas cuantas historias cortas. Querías publicar Ese guión y terminaste publicando Aquel. Escoge una meta, trabaja con ella.
  2. Deja de parar. El momento lo es todo. Corta los frenos. Lánzate salvaje e inexorablemente hacia tu meta. Siento machacarte entre la cabeza y el cuello con un martillo forjado en los fuegos volcánicos del Monte Obvio, pero la única forma de terminar algo es no parando. La historia no va a escribirse sola.
  3. Deja de escribir usando la voz de otro. Tienes una voz. Es tuya. Nadie más puede reclamarla y cualquier intento de imitarla será torpe como dos gemelos intentando enrollarse en el cuarto oscuro de las escobas. Eso también va por ti; no intentes escribir con la voz de otro. Puedes hacerlo al principio, vale, pero atraviesa esa fase en cuanto puedas. Encuentra tu voz. Pon el autor en tu autoridad. Escribe de la manera que solo tú puedes escribir.
  4. Deja de preocuparte. La preocupación es una mierda inútil. No hace nada. No se basa en la realidad. Es un vestigio emocional inútil como las tetas en un verraco, que solía decir mi padre. Nos preocupamos de las cosas que están fuera de nuestro control. Nos preocupamos sobre las tendencias editoriales, sobre los próximos cheques o si Barnes&Noble se meterá una granada en el culo y reventará. No es que no puedas identificar futuros problemas y tratar de evitarlos o solventarlos, pero es que eso no es preocuparse. Reconoces un alto en el camino y apañas uno nuevo, no es que te muerdas las uñas hasta sangrar temiendo al respecto. Cállate. Cálmate. Preocupación, si me queréih, ¡irze!
  5. Deja de apresurarte. El auge de la auto-publicación conlleva un aumento comparativo en la cantidad. Las historias son como el vino; necesitan su tiempo. Así que tómate ese tiempo. Esto no es un concurso de comer perritos calientes. No se te juzga por cuánto puedes escribir sino, preferiblemente, por cómo lo haces. Aunque desde luego hay un equilibrio: debes ser productivo, nada siempre hacia adelante para evitar hundirte como una piedra  y encontrarte una rémora jodiéndote el recto. Pero la productividad y la creatividad no deben ir en detrimento de la calidad. Dale a tus historias y a tu carrera el tiempo y la paciencia que necesiten. En otras palabras, no te flipes.
  6. Deja de esperar. He dicho “deja de apresurarte”, no “quédate parado y duérmete”. La vida recompensa la acción, no la inercia. ¿A qué coño estás esperando? Para cosechar los premios del futuro, toma cartas en el presente. Y hazlo ahora.
  7. Deja de pensar que debería ser más sencillo. No va a serlo ¿Por qué debería? Cualquier cosa que realmente merezca la pena requiere un trabajo infernal. Si escalar el Kilimanjaro significara empaquetar comida ligerita y subir un ascensor climatizado, no sería gran cosa, ¿verdad que no? ¿Quieres llevar a cabo Esto de Escribir? Pues no esperes otra cosa que trabajo duro; alégrate de que es es una larga travesía que segar y que tú eres, bueno, ¿el segador que debe segarla? Qué sé yo. No me mires así. APARTA LA MIRADA, ESCRUTADOR. Y vuelve al tajo.
  8. Deja de postergar el fraguado de tus palabras. No llegas a ser un narrador decente dejando que tu habilidad con las palabras se hospede entre “Completar la Iditarod (con ardillas en vez de perros)” y “Dos palabras: Merkin, Macrame”. Si quieres llegar a algo en esta mierda, mejor que esté colocada en el top cinco, hijo. Sabes que eres escritor no porque es lo que haces, sino quién eres. Así que, ¿por qué desestimar aquello que es parte de tu propia identidad?
  9. Deja de tratar tu cuerpo como un basurero. La mente es la mejor arma del escritor. Equivale al estilete, al rifle de francotirador y al látigo por igual. Si tratas tu cuerpo como el suelo pegajoso de un escenario de rodaje de porno (eso no es batido, chaval) entonces lo que estás haciendo es mellar tu arma más poderosa. El cuerpo alimenta la mente. Debería basarse en sacar la mierda, no metérsela. Deja de maltratar tu cuerpo con ponzoña. Come bien. Haz ejercicio. De otro modo encontrarás tu látigo anudado, tu estilete mellado e incapaz de cortar siquiera a través de una calabaza y alguien llenó el cañón de tu rifle de francotirador.
  10. Deja de lloriquear. Quejarse, como preocuparse, como arrepentirse, como ese marcador de la tostadora que termina requemando tus tostadas, no arregla nada (y doble inutilidad: quejarme de quejarse, que es lo que estoy haciendo aquí). Blablabla, publicar, blablabla, Amazon, blablabla, Hollywood. Deja de llorar. ¿No te gusta algo? Arréglalo u olvídate. Y a otra cosa.
  11. Deja de echarle la culpa a los demás. Escuchas muchísimas quejas alrededor. Terminarás adueñándote de tu éxito y eso significa que tendrás que hacerte cargo de tus errores. Esta carrera es la tuya. Sí, algunas veces los factores externos te bajarán del burro, pero te corresponde a ti reaccionar. Que le jodan a las culpas. Retoza en la responsabilidad como un perro en un aborto de alce.
  12. Deja de avergonzarte. A menudo los escritores se avergüenzan de quiénes son y qué hacen. Hay gente luchando guerras y arreglando coches y destrozando el país con créditos envenenados. Y aquí estamos, sentados en nuestros pijamas, escribiendo sobre vampiros y unicornios, sobre corazones rotos y mandíbulas resquebrajadas. La mayor parte del tiempo no recibimos mucho respeto pero, ¿sabes qué? Que le jodan. Gánatelo. Los escritores y narradores ayudan a este mundo a avanzar. Somos tan parte del ecosistema social como cualquier otro. La artesanía cuenta. El arte importa. Las historias son importantes. Coge una birra y un chupito de whisky, mete toda la vergüenza en una bolsa y quémala.
  13. Deja de lamentarte por los errores. Así que la has jodido en algún punto del camino ¿A alguien le importa un cojón de pato? Estas cosas pasan. Y pasan. No te regocijes. No cantes canciones de lamento a tus errores. Repite conmigo: aprende y adelante. Muy pocos serán los errores que te perseguirán hasta el final de tus días a menos que permitas que te persigan. O a menos que cometas un error escandaloso que no pueda ser olvidado (vestí un disfraz de Hitler cada vez que fui a una editorial importante en Nueva York y me cagué en todos y cada uno de los escritorios de los editores durante las vacaciones. También puede que lo colgara en YouTube y Galleycat).
  14. Deja de jugar sobre seguro. Deja que sea tu año del riesgo. Nadie sabe qué está pasando en la industria editorial, pero podemos estar rematadamente seguros que lo que ocurre con los autores es que estamos encontrando nuevas formas de tomar fuerza en este Futuro de los Nuevos Medios, Joputas (a partir ahora, FNMJ). Lo que significa que es el momento de olvidar las reglas. Es tiempo de cuestionarse las nociones preconcebidas y convenciones establecidas. Es tiempo de tomar riesgos en nuestras carreras y en nuestra forma de contar historias. Abre las puertas, tira abajo los muros de tu incomodidad. Bombardea tu zona de confort para que nadie pueda morar en ella.
  15. Deja de controlar lo que no puedes controlar. ¿TODO lo que está allí afuera? ¿Toda la mierda de la industria y las críticas y las prácticas de negocio en el Amazonas? ¿La economía? ¿Los lectores? No puedes controlar nada de eso. Puedes responder a ello, pero no puedes controlarlo. Controla lo que puedas, que es tu escritura y cómo llevas tu carrera.
  16. Deja de hacer una sola cosa. Diversificación es el nombre de la supervivencia de todas las criaturas: la genética se basa en la diversificación (dijo el tipo, sin tener ni puta idea de ciencias ni interés en mirar en Google a ver si algo de lo que había dicho tenía sentido). Las cosas cambiarán un montón en los próximos años, desde el auge de los libros electrónicos a la caída de los mercados tradicionales a la amenaza galáctica de un Gaiman Mecánico. La diversidad de formas, formato y género ayudarán a asegurarte que permanezcas vivo cuando acontezca el Publicapocalipsis.
  17. Deja de escribir para el mercado. Aclaremos que no me refiero a “deja de escribir para mercados específicos”. Eso sería un consejo estúpido. Si quieres escribir para el Ladie’s Home Journal, eso es escribir para un mercado específico. Me refiero a que dejes de escribir para El Mercado, con E y M mayúsculas. El Mercado es una entidad desconocida basada en ventas y elucubraciones y un poco de superchería editorial (en Penguin sacrifican pingüinos reales ¡en serio!). Escribir una novela toma tanto tiempo que escribir para el mercado es una causa perdida, un salto a una cima oscura con las esperanzas de que alguien construirá un puente antes de que caigas al vacío. Lo que me lleva a…
  18. Deja de perseguir tendencias. Establece las tuyas. No las caces como si fueras un perro detrás de un coche. Las tendencias tienen un rendimiento decreciente. Después de la aparición de la idea original en una tendencia, cada repetición es más débil que la anterior y es como sumarle cubitos de hielo a un buen vaso de whisky: lo aguas, colega. No seas un tipo del montón, un copiador del asesino en serie o un nuevo eco fantástico de Tolkien. Haz tus cosas.
  19. Deja de prestar atención a lo que otros escritores hagan. Van a hacer lo que van a hacer. No eres ellos. No quieres ser ellos y ellos no quieren ser tú. ¿Por qué hacer lo que todo el mundo hace? Permíteme reiterarlo: haz tus cosas.
  20. Deja de darle importancia a la industria editorial. Conoce la industria pero no te amilanes. El hombre mortal no puede cambiar la oscilación y la trama de las fuerzas del cosmos; están fuera de su alcance. Examina la industria editorial demasiado cerca y te eyaculará su icor demoníaco en un ojo. Entonces irás al doctor y será como “miraste durante demasiado tiempo a la industria editorial, otra vez, ¿verdad?”, y tú “SÍ”, y él “tengo gotas para eso, pero te costarán un riñón” y entonces sacarás tu talonario y le preguntarás cuántos ceros debes rellenar porque eres un escritor y no tienes seguro.
  21. Deja de escuchar lo que no se venderá. Escucharás esto: “no creo que se pueda vender”. Y joder ¿sabes qué? Puede que esté en lo cierto. Da igual, apuesto que todas esas historias que recuerdas, todos los cuentos que llegaron de la nada y te golpearon en ese cubo de basura que tienes por cabeza, con sus escasas posibilidades y potencial, fueron historias que alguna vez se marcaron con el apodo de “no podrá venderse”. Encontrarás siempre a quien te diga qué no puedes hacer. Lo que no deberías hacer. Es tu trabajo como escritor demostrar que se equivocaban, incrustándoles la pluma en el cuello y bebiéndote su sangr… uh, quiero decir, “escribiendo la puta mejor historia que puedas”. Eso es lo que quería decir. Lo otro era, ya sabes, una metáfora.
  22. Deja de prometer y excederte. Queremos hacerlo todo y a la vez. ¡Grandes planes llenos de aspavientos! ¡Ciclos de fantasía épica de 23 libros! No te excedas. Concéntrate en lo que puedes completar. Templa el riesgo con la realidad.
  23. Deja de excluirte de la página. Eres tus historias y tus historias son tú. Eres lo que importa. Tus experiencias y sentimientos y opiniones cuentan. Vuélcate en cada página y deja un rastro de tu sangre y entrañas. Si no podemos conectar con nuestras propias historias, ¿cómo podemos esperar que nadie encuentre esa conexión?
  24. Deja de soñar. Que le follen a soñar. Empieza a hacer cosas. Los sueños están bien para, bueno, los niños. Los sueños son miradas inciertas e intangibles al futuro. Los sueños son bonitos vuelos de improbabilidad, deseos de pegasos y las esperanzas de robots solitarios. Eres un adulto. Es momento de cagar o salirte de la letrina. Es momento de despertar o seguir soñando. Permite que lo diga otra vez porque no soy más que un acólito de la repetición: Que le follen a soñar. Empieza a hacerlo realidad.
  25. Deja de tener miedo. El miedo te matará. No tienes nada que temer que un poco de preparación y pragmatismo no puedan matar. Todo aquel que quiso ser escritor y no se convirtió en uno falló basándonos en una de las siguientes dos razones críticas: uno, eran unos vagos, o dos, tuvieron miedo. Demos por sentado que no eres un perezoso. Esto significa que estás atemorizado. El miedo es un sinsentido. ¿Qué va a pasar? ¿Te comerán los tigres? La vida te dará montones de razones por las que tener miedo: abejas, secuestradores, terrorismo, que te coma un escalador, los republicanos, Snooki. No merece la pena tenerle miedo a ser escritor.
Anuncios

Etiquetado:,

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Chuck Wendig: 25 cosas a dejar de hacer por los escritores (ahora mismo, joder) en Vincenzo Sastre.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: