NaNoWriMo, un año después

noviembre 5, 2012 Comentarios desactivados en NaNoWriMo, un año después

Si te has fijado, coloqué un marcador de palabras de mi NaNoWriMo en la cabecera derecha de la página. Si me lees por el feed rss, lo tienes aquí encima. Tenlo en mente, porque voy a contarte cómo han cambiado las cosas para mí en este último año.

Un año atrás redactaba regularmente en un site de juegos con unos amigos. Me lo pasaba bien, encontré a gente interesante y ocurrente, rápida en el sarcasmo y de fina ironía y compartíamos multitud de afinidades. Podría haber sido una de las etapas más creativas de mi vida. Pero no lo fue.

Ni había circunstancias dramáticas ni avatares en contra. Simplemente no me ponía a ello, yo era mi propio bloqueo. En cuanto comenzaba a teclear se atascaban las palabras; las conocía, pero era incapaz de hilarlas a placer. Tecleaba sobre lo que tocara, vaya que sí, e introducía una referencia a mis otras aficiones, algún juego de palabras u ocurrencias propias. Pero yo no estaba allí, mi voz era un eco ausente. Me dinamitaba, me desanimaba y me pasaba unos días en silencio hasta el siguiente artículo.

Lo curioso del asunto es que si cogía una hoja en blanco y comenzaba a teclear, independientemente de si experimentaba narrativamente o escribía un triste correo a un amigo, fluía en pocos minutos; un chorro de letras desde la boca de mi estómago. Luego contrastaba con lo que producía y entendí que no es que estuviera yermo por dentro, sino forzado. Me gustaba la gente con la que trataba y las aficiones que nos unían. ¿Por qué me sentía obligado? ¿Qué alternativa se suponía que debía escoger?

Entonces cubrí eventos en la otra punta del globo. Y como sucede en todos los viajes, con su algo de iniciático por muy trotamundos que seamos, se hizo la luz: solo escribía para otros. Sin dejar que se esfumara la resaca de esa epifanía, acoté un tema muy mío y me embarqué en mi primer NaNoWriMo.
Si tuviera que elegir uno de los meses más atroces de mi vida, ése encabezaría la lista.
Si tuviera que elegir uno de los más gratificantes. También.

Considero que hay dos cosas que acaban con un creativo: que permita que sus herramientas se oxiden hasta hacerle sangrar el cerebro al crear y convertirse en su peor juez, de los que somete cada pieza minúscula de sus creaciones solo para reírse de su ineptitud. Palabra tras palabra, trazo tras trazo, nota tras nota.

El año pasado, a estas alturas, apenas rozaba 4.000 palabras de NaNoWriMo. El final de noviembre se acercaba y la incapacidad era una flema balanceándose por mi garganta. A mitad de mes se me cruzaron los leones, encaucé un horario con pausas, acallé mi criticón interior y tecleé de corrido superando las 50.000 palabras el día antes de la fecha límite. Y lo más importante: me reconocí en el texto.

Fue como despertar.

Durante este año abandoné paulatinamente el site en el que escribía, no así a la gente que conocí. Algunos entendieron mi ausencia, otros lo consideraron egoísta. A los unos les agradezco más allá de lo imaginable su comprensión, es el mejor apoyo. A los otros les entiendo tan bien que me encojo de hombros.

Por primera vez en un lustro disfruto escribiendo día a día, de lo que sea. Incluso en esas jornadas densas en las que las palabras se cuelan viscosas a paso de caracol, capeo el temporal e hilo palabra tras otra y se me reconoce a través de ellas.

Hoy, cinco días dentro de mi segunda edición de NaNoWriMo, llevo 12.000 palabras. Aproximadamente 3.000 palabras por día, las 800 originales de posts como éste antes de editarlos, y las 750 de mis barruntes. Una media de 4.500 palabras por día, o 135.000 mensuales. Eso es diez veces más que lo que redactaba al empezar la primera edición.

¿Y de dónde ha salido tanta diferencia? De escribir para mí primero y de adaptarlo para ti después. De evitar que mis herramientas se oxidaran. De hacerme consciente de que crear es jugar. Y sobre todo, de agilizarme con una increíble receta mágica:

Escribir. Todos. Los. Días.

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