Las 10 reglas de Margaret Atwood

noviembre 9, 2012 Comentarios desactivados en Las 10 reglas de Margaret Atwood

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(Photo credit: Wikipedia)

¿Qué demonios me mueve a comentar las reglas de Margaret Atwood? ¿Por qué las directrices de una de las escritoras más vinculadas al feminismo, a la formación de una identidad canadiense y al jugueteo constante con el vegetarianismo cuando el activismo me la trae floja, no creo en nacionalismo alguno y me van más los solomillos de medio kilo que la comida de las cabras? Pues que rezuma artesanía por los poros y lo poco que leí de su pluma me parece sensible sin llegar a lo pasteloso y un humor sutil embebido en sus textos. ¡Vive de sus letras! Merece al menos una lectura, digo yo:

  1. Lleva un lápiz contigo para escribir viajando en avión. Los bolígrafos manchan. Pero si el lápiz se quiebra, no podrás sacarle punta porque no permiten llevar cuchillos (ni sacapuntas). Por lo tanto: lleva dos lápices.
  2. Si ambos lápices cascan, apáñate con una lima de uñas metálica o de cristal.
  3. Lleva algo sobre lo que escribir. El papel está bien, si es necesario, aprovecha un trozo de madera o tu brazo.
  4. Si usas un PC, usa siempre un stick de memoria de respaldo.
  5. Haz ejercicios de espalda. El dolor distrae.
  6. Mantén la atención del lector (lo que te será más sencillo si mantienes la tuya). Pero no sabrás cómo será tu lector, así que es dar palos de ciego y lo que fascine a A quizá aburra infernalmente a B.
  7. Necesitarás un diccionario, un libro de gramática básica y un agarre a la realidad. Esto último significa: no hay comida gratis. Escribir es trabajar. Pero también es apostar. No te dan un plan de pensiones. Otras personas pueden ayudarte pero, esencialmente, estás solo. Nadie te obliga: tú elegiste esto, así que no te quejes.
  8. Nunca leerás tu libro con la inocencia que asalta con esa deliciosa primera página de un libro nuevo, tú escribiste eso. Estuviste entre bambalinas. Viste cómo se escondieron los conejos en el sombrero. Así, pide a un amigo o dos que le echen un ojo al texto antes de soltárselo a nadie en el negocio editorial. Este amigo no debería ser alguien con quien tengas una relación amorosa, a menos que quieras romper con esa persona.
  9. No te sientes en mitad del bosque. Si estás perdido en el argumento o sientes el bloqueo, vuelve sobre tus pasos hasta encontrar dónde te equivocaste. Y cambia el personaje, el tiempo verbal, la página inicial.
  10. Quizá te valga rezar. O leer alguna otra cosa. O una visualización constante del Santo Grial que es la versión final publicada de tu libro resplandeciente.

Aunque parezca mentira, varios puntos son de doble lectura, literal —¡práctica!—, y sintetizada.

Por ejemplo, el ítem inicial que habla de usar dos lápices en lugar de un bolígrafo. De hecho, es aplicable al ámbito creativo en general: si quieres escribir, prepárate a hacerlo en donde sea y por encima de cualquier imprevisto. Y si tienes que ser productivo, como en el tercer punto, puedes empezar por buscar distintas maneras para tomar notas, al menos.

Especialmente en esta época particularmente intensa, me obligo a pasar infinidad de horas sentado y te aseguro que mantener la espalda en forma es un suplicio. Estírala con ejercicios, sin pesas ni nada aparatoso, también estírate en tu totalidad de vez en cuando y si es en superficie dura, mejor.

Conservar la atención del lector es lo más complicado. Recordar que contentarás a todos es un buen inicio para despreocuparte, especialmente durante el proceso creativo. Una de las cosas que atolondran al un lector es que tú te pierdas escribiendo (lo normal si te presionas con elementos externos). Vuelve atrás y prueba un nuevo camino mientras cuentas la historia y deberías encontrar solución a ambos problemas. A malas, siempre estará la edición.

Sobre dejar que tus amigos lean lo escrito, está bien, aunque especificaría: amigos críticos. Un colega condescendiente te alentará con la primera basura que tengas y, al final, será más perjudicial que beneficioso.

(via Brain Pickings)

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