Las 10 reglas de Elmore Leonard

noviembre 16, 2012 Comentarios desactivados en Las 10 reglas de Elmore Leonard

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(Photo credit: Wikipedia)

Podría tirarme el moco y decirte que me conozco de pe a pa a Elmore, pero estaría feo. Supe de él por la serie Justified, basada en novelas suyas, y a través de otros que ensalzaban su ritmo trepidante, su realismo directo sobrio y cruel, y el atino en la creación del diálogo.

La gente de Exp.lore.com resumió el compendio de 10 rules of Writing en las siguientes diez sugerencias:

  1. Jamás comiences un libro por el tiempo.
  2. Evita los prólogos.
  3. Nunca uses otra forma verbal que “dijo” para sustentar un diálogo.
  4. Nunca uses un adverbio para modificar un “dijo”.
  5. ¡Mantén tus exclamaciones bajo control!
  6. Nunca uses “de repente” o “se armó la gorda”.
  7. Usa los dialectos regionales con moderación.
  8. Evita las descripciones detalladas de los personajes.
  9. Lo mismo para los lugares y cosas.
  10. Evita las partes que los lectores tienden a saltarse.

Estos preceptos parecen orientados a redactar guiones aun sirviendo al resto de disciplinas literarias. Trata de cómo de directo quieres escribir.

La primera regla, referida a jamás iniciar por el tiempo, es mi preferida. Se me atragantan las aperturas meteorológicas porque carecen de potencia salvo contadas excepciones. Como los prólogos. Me gusta empezar cualquier historia lo más tarde posible; que si Menganito entra por una puerta, atraviesa la habitación buscando a Fulanito y le propina un puñetazo, la escena comience en el golpe, construyendo algo de diálogo que ubique al lector. La última norma se condensa parcialmente en esta idea. Bienvenido sea el prolegómeno breve que aporta un tono o un conflicto sin explicar demasiado.

Respecto a los “dijo”, personalmente odiaría ver una página llena de ellos. En español tenemos más formas activas que sintetizan modos de expresarse y dialogar. Carece de sentido escribir  “dijo apresuradamente” cuando apañamos con un “disparó”, “cortó”.

No recuerdo si hablé de las exclamaciones, pero quédate con ésto: están bien, hasta que el exceso provoca úlceras gástricas. Nah, exagero; sólo oculares. Cuesta horrores leer a través de ellas durante mucho rato.

Si algo sucede, sucede; punto. Cogiéndolo con pinzas igual sucede de repente. Jamás, de repente, sucederá. ¿Y “se armó”? ¿En serio te domina tanto la pereza? Ambas son formas de ahorrarse narración. Si te ves en la obligación de usarlas quizá te saquen de un apuro, pero es más divertido explicar por qué y cómo la mierda atravesó el ventilador que “de repente se armó la gorda cuando se manchó todo“.

A ver si te aclaro el punto de las descripciones con un caso práctico: las observaciones de Tolkien me gustan como ejercicios creativos increíbles, pero son tan extensas que ralentizan la acción constantemente, asesinan el ritmo. “Vladimir es un calvo enjuto de ojos hundidos y gabardina negra” permite al lector rellenar los huecos restantes, la textura de la piel, si huele mal o si sus largas uñas están pintadas. Esos otros detalles no importan si al leer “ojos hundidos” y “gabardina negra” surge Vladimir sin nombrarlo. Por no mencionar que las propias acciones del personaje crean su carácter. Para los lugares y cosas, por ejemplo, es posible prescindir de ubicaciones concretas a menos que aporten información realmente valiosa. Es inútil especificar que el mostrador estaba a la derecha si no lo tocarás cuando cuentes la historia.

Estas reglas dan lugar a una escritura austera en la que el peso recae en hechos y personajes; si flaqueas en algún momento, chirriará muy alto. Empujan a crear con cautela, observando trazos de la realidad, diseccionándola quirúrgicamente de manera minimalista.

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