Escribir (o no) para otros

noviembre 19, 2012 Comentarios desactivados en Escribir (o no) para otros

A colación de lo escrito un par de semanas atrás, me recriminaron que mi problema fuese que creara solo para otros. Y razón no le falta, fue una forma incompleta de expresarme aunque, sospecho, éste es un asunto complicado en el que cada cual tiene su sentir.

Pensemos por un momento en lectura. Conversaba esta mañana con una amiga familiar sobre que en España se lee poco. Independientemente de si creo o tengo claro si eso es cierto, sí sé qué observé en gente que conozco: o leen casi nada o se reengancharon a la lectura después de un parón tremendo. Salvo una honrosa excepción, el resto conviene que encallaron cuando fueron obligados a leer nuestros clásicos en las aulas. Pongamos que es verdad. No les culparía. Forzar a alguien a ejercer una tarea es la manera menos atractiva de aficionarse. Especialmente sin proponer alternativas, habiéndolas a mansalva en la literatura y tan o más ricas que los títulos impuestos.

Entonces ¿por qué hay lectores? La respuesta se me antoja lo más sencillo del mundo: existen temas, autores, libros que atraen más que otros. Una persona fascinada por una materia leerá cualquier cosa relacionada, da igual el tipo de medio, si son artículos, ensayos o narrativa: si coincide con lo que te cautiva, lees. Al escribir sucede lo mismo.

Aunque escribas de todo, tendrás tus propias fijaciones. Y es de Perogrullo que toca adaptarnos y que nunca llueve a gusto de uno pero, puestos a trabajar en la indiferencia, que sea por un intercambio justo. Si seguía escribiendo acerca de lo que no me interesaba y el tiempo invertido me drenaba y no percibía que el rédito me satisficiera—y te puedo asegurar que ni fama, ni dinero, y los extras sabían a mendrugo—, ¿qué sentido tenía continuar día a día a medio gas? De hecho, en ese brete me mantenían los desafíos. Me seducen más que lo mecánico, y habitualmente por una razón: suelen implicar una búsqueda de una solución. Y me encanta deshacer un nudo, arreglar un entuerto o llegar a una conclusión que arroje luz sobre algo.

Ahí está el quid: cuando ni siquiera esas situaciones prenden la mecha de avidez por romper el teclado sabes que es hora de plegar velas.

¿Y ahora no escribes para otros? Te preguntarás. Pues sí, te respondo. E indago y me documento y preocupo precisamente porque me apetece. Tengo una audiencia muchísimo menor, retos escasos y beneficios nulos. Pero este rato diario, a veces ligeramente introspectivo por tratarse de temas que me tocan y te interesan, esta apertura en la que te invito a que descubras curiosidades y recursos en Internet, te muestro algunos de mis ejercicios y te hablo de mis costumbres y de cómo me preparo para el nuevo mundo que nos rodea, me compensa. Matamos dos pájaros de un tiro.

Y, por supuesto, el día que sienta que no hay ni una brizna de ganas de seguir aquí, haré lo que todos deberíamos con las cosas que nos anclan en nuestra vida: echar el cierre.

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