Los 9 consejos de Helen Dunmore

noviembre 23, 2012 Comentarios desactivados en Los 9 consejos de Helen Dunmore

Helen Dunmore, writer and local resident, offe...

 (Photo credit: Wikipedia)

Los cuentos son esa clase de relatos que siempre asociamos a los niños, pero no olvidemos que detrás de la prosa y personajes planos se esconden los primeros reflejos de la cultura de un autor. En el caso de Helen Dunmore, además, sus cuentos poseen matices históricos y una sonoridad poética envidiables. Y es sobre esa segunda virtud de sus textos donde reposan la mayoría de sus preceptos:

  1. Termina el día cuando aún quieras continuar.
  2. Escucha lo que has escrito. Un ritmo falseado en un pasaje de diálogo puede mostrar que no entiendes los personajes lo suficientemente bien como para escribir en sus voces.
  3. Lee las cartas de Keats.
  4. Relee, reescribe, relee, reescribe. Y si para entonces no funciona, tíralo. Es un buen sentimiento y no querrás tropezar con los cadáveres de poemas e historias que tienen de todo en ellos menos la vida que necesitan.
  5. Aprende los poemas de corazón.
  6. Únete a organizaciones que defiendan los derechos de autor.
  7. Si tienes un problema con un escrito, a menudo se clarifica solo cuando sales a dar un paseo.
  8. Si temes que cuidar de tus hijos y tareas cotidianas pueden dañar tu escritura, piensa en J. G. Ballard.
  9. No te preocupes de la posteridad; como Larkin observó (y no era sentimentalista), lo único que nos sobrevivirá es el amor’.

Son varias las plumas que sugieren terminar el día mientras aún quieras continuar. Abandonar en esa actitud predispone a sentarse a escribir al día siguiente porque, incluso a través de las horas de sueño, nos encontramos ya encauzados. Además, es una forma de darle de comer al inconsciente que comentaba días atrás. Sin olvidarnos que en esa misma línea recomienda rumiar un texto tomando distancia.

Escuchar lo que escribimos es similar a una regla de Steinbeck. Es distinto quedar bien escrito que ser legible en alto como es diferente leer para uno que a un público. Las lecturas en voz alta permiten llegar a fallas sintácticas inadvertidas al leer en silencio. Por eso es más fácil poder interiorizar una redacción que puede ser leída a otros.

Localizado el trozo renqueante, toca reescribir. Uno de los problemas de escribir por intuición —o sólo con esqueletos vagos—, es la relativa facilidad de atascarse o enredarse. Quizá chirríe el punto de vista, o el tono, o la voz narrativa o, simplemente, te falte experiencia. Si después de unas cuantas ediciones sigue sin fluir, descarta. Guárdalo apartado si crees que serviría en un futuro, porque si revolotea por tu mesa anclará tu tren de pensamiento.

James Graham Ballard (El Imperio del Sol, Crash), trasladó sus temores y vivencias a sus relatos, contorsionando sus experiencias en distopías perturbadoras, convirtiendo los pequeños detalles en bombas de realidad fragmentada. Juntándolo con la reflexión de Larkin, extraemos dos ideas: usa lo que tienes y tómate tu tiempo en volcarlo sobre el papel.

En esta ocasión, el resumen del compendio lo encuentras en la sugerencia extendida de leer las cartas de John Keats. En ellas encontrarás desde el fraseado libre propio de la correspondencia, al esbozo de algunas teorías del autor, como la importancia de sentir funcionar los textos.

(via Brainpickings)

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