Lo malo de NaNoWriMo

noviembre 26, 2012 Comentarios desactivados en Lo malo de NaNoWriMo

Un buen amigo me pasaba hoy la imagen de cabecera.

Para los novatos en NaNoWriMo debe ser sencillo entenderlo. Lo malo de ponerse fechas límite con semejante cantidad de palabras es que, si no estás acostumbrado ni a una cosa ni a la otra, es posible abrumarse con una facilidad espantosa. Es el equivalente de escritorio a decir “voy a correr una maratón, sin haber corrido en mi vida más que de la nevera a la tele y viceversa”.

Lo que convierte al proceso, si lo acometes falto de preparación, en dos tipos de experiencia: una insoportable, con la presión asfixiando tu creatividad, drenando cada neurona que tengas, convirtiendo tu capacidad de hilar una historia en un muñeco de trapo en la boca de un pitbull; o un descarrío, donde una persona sometida a un juicio termina en la biblioteca de Alejandría la noche antes de su quema, hincándose un astronauta ruso porque son los únicos desplazados temporales del Universo.

NaNoWriMo es un mes de presión excesiva si careces de esbozo o secuencia en tus escenas. Desde esa casilla de salida, acudir a las peores prácticas es cuestión de horas (siendo benévolo).

En esas circunstancias aparecen las ideas turbias como evitar contracciones, resumir el capítulo al iniciarlo o finalizarlo, usar sueños y retrospectivas por doquier o repetir preguntas antes de respuestas y palabras compulsivamente.

Aunque, en algunos casos, no es exactamente malo. Por ejemplo: las contracciones sintácticas a menudo se escapan de control y, especialmente cuanto más cansado estás, es fácil encontrarte con frases más largas de lo necesario. Resumir capítulos puede ayudarte a permanecer en escena siendo un indicador menguante completando el capítulo de marras. Los sueños otorgan forma a los demonios de un personaje o establecen un hilo narrativo paralelo, por poner un par de casos útiles.

Lo tóxico es convertir esas triquiñuelas en rutina y, peor aún, creer que serán definitivas. En el proceso de edición, al margen de arreglar la gramática, la ortografía y desbrozar de adjetivos y adverbios sobrantes y buscar los sinónimos que en su momento ni pensaste, se basa en tres pasos inevitables: Matar a tus queridas; cortar, cortar y cortar, y montar.

No hace falta ser un lince para llegar a la siguiente conclusión: cuanta más basura generes en NaNoWriMo, más dolorosa será la edición.

Esta iniciativa va de poner una novela sobre la mesa. De extraerla de tu cerebro y librarte de ella hasta sentir el alivio idéntico a soltar la flema que te impedía respirar en tu resfriado. Trata exclusivamente de eso. Las palabras son secundarias. La calidad inmediata, en cierto modo, también. Generarás un borrador nefasto porque es un primer borrador, pero de la misma manera que la imagen en lápiz de un bosquejo es cercana al resultado entintado, sé consciente de que lo que salga de tus dedos durante el NaNoWriMo es el esqueleto de tu creación definitiva (si es que la hay, que lo dudo, pero eso es harina de otro costal).

Tú no juegas con tus huesos sabiendo que si te los rompes serás disfuncional. Por lo tanto, si por pereza decides prescindir del curso de tu historia —o inflarla con material inútil—, obtendrás un texto con muy buen corazón, quizá, aunque en el fondo, será tu jorobado de Nôtre-Dame.

Así que al final resulta que lo malo de NaNoWriMo no es la presión. Sino la ausencia de confianza en tu propia historia.

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