El mes de abandono literario

noviembre 28, 2012 Comentarios desactivados en El mes de abandono literario

NaNoWriMo 2012

Consagrar un mes a compaginar tu vida con exorcizar una historia y plasmarla en negro sobre blanco es un proyecto ambicioso. Aunque, paradójicamente, un mes me resulta corto y largo a la vez.

Crucé el ecuador de la novela hace una semana. Estructura aparte, simplemente necesito más de un mes, especialmente si creo en tijeretear como un campeón. La cantidad de ideas por desarrollar que permanecen en barbecho y el tiempo dedicado a cristalizarlas estuvo descompensado. Ahora mismo alcanzo un bloque entero de post-its repleto de esquemas minúsculos, anotaciones sueltas, algunos con un rótulo idea para tal personaje». Detrás tengo una libreta con más apuntes, fragmentos a incluir o repasar o reparar en el proceso de escritura y edición.

Un camino por delante a recorrer es una buena noticia. Entro en mi parte favorita y es el momento en el que la narración está más viva, con protagonistas y secundarios que evolucionaron conmigo durante todos estos días y quiero que me —nos— cuenten qué pasó con ellos.

Sin embargo, a estas alturas de mes, también es fácil encontrarse exhausto. El gráfico de arriba son mis estadísticas de palabras. Olvídate de los números, fíjate en el patrón. En los parones del día 9 y del 19 al 22. Esos cinco días me alargaron más de lo normal esta edición.

Cada parón es un indicador de cafrería. El día 9 ajusté mis horarios para escribir de noche. En una casa con un recién nacido, cuando no llora la criatura son las visitas de vocecilla irritante masacrándote el tímpano. Cuando no, son los que vienen a pasar un rato. O los que… Total, que para arrancar más tiempo que los fines de semana, apagué despertadores, me taponé los oídos e hice vespertina mi franja de trabajo. En el reino de las malas decisiones, ésta fue la Madre. Uno ya no tiene veinte años; lo aprendí en ese infierno de bruma de sueño y migrañas.

Todavía faltaba lo peor. Sabía que tardaría más de un mes en terminar; también cuál sería mi principal escollo, un momento del relato que si lo postergaba mataría la novela antes de nacer. Así que me obligué a llegar a ello lo más rápido y completo posible. Estiré mis horarios, me hinché a café y me recluí como nunca.

Superar un obstáculo, extralimitarme y esforzarme me resulta divertido. Lo complicado viene después, cuando el reto se esfuma y queda una plácida cuesta abajo y cualquier recodo se convierte en una especie de cama. Rompí mi muro particular el día 18. Los cuatro días posteriores, cuando pensaba en el libro y sentía arcadas, dediqué mi tiempo a anotar y dibujar mis próximos pasos.  Casi recuperado, y aunque flaqueo respecto mi ritmo previo, vuelvo a rondar la misma productividad.

Incluso lo malo de NaNoWriMo, personalmente, lo creo bueno. Estamos a día 28 y hoy finiquito la cuenta de este año. Probablemente, los cinco días perdidos dieran para cumplir con el tercer cuarto del libro pero, más contento que todas las cosas, voy a recorrer el camino que tengo por delante.

Y ahora, a seguir escribiendo.

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