Suficientes artistas

diciembre 10, 2012 Comentarios desactivados en Suficientes artistas

—Quiero ser directora, pero me han dicho que ya hay suficientes artistas en el mundo y no es algo que deba perseguir.
—Decir que tenemos suficientes artistas es como decir que tenemos suficientes científicos, que tenemos suficientes diseñadores, que tenemos suficientes políticos (bueno, sí tenemos suficientes políticos). Pero, ¿sabes? Nadie consigue ser tú; excepto tú. Nadie posee tu punto de vista, salvo tú. Nadie logra traer al mundo las cosas que únicamente tú consigues traer al mundo, excepto tú. Así que decir que hay suficientes escritores ahí fuera, suficientes directores ahí fuera, suficientes puntos de vista… Pues sí, los hay, pero ninguno de ellos son tú y ninguno va a llevar a cabo el arte que tú quieres hacer, ninguno de ellos va a cambiar a la gente y cambiar al mundo de la forma que tú podrías hacerlo. Si crees a alguien que diga “no, no, ya tenemos suficientes de ésos”, entonces eso sólo significa que estás abandonando la posibilidad de cambiar el mundo en la medida que tú podrías cambiarlo.

Toma obviedad, puede parecer. Pero aguanta, que vienen curvas.

Que existan adalides de cercenar los prismas y la potencia de un mensaje particular es abominable. En un mundo en el que cada vez más gente desconoce cómo expresar qué siente, qué vive o si alguien ahí fuera es capaz de poner palabras, imágenes o música a su vida, son necesarias las personas que se rompan por vehicular dichas inquietudes.

No exagero. Puedo asegurarte que me faltan dedos para contar la cantidad de veces que me preguntaron si era gay sólo por articular frases congruentes. Los mismos que luego, por ejemplo, se besaban de emoción porque su equipo ganaba un partido. Garrulería y anécdota aparte, estos contrasentidos evidencian la existencia de una brecha entre la expresión y la realidad, especialmente si hay sentimientos de por medio (sin descuidar que la realidad es una percepción individual).

Si te pido que nombres una canción que te conmueva o recuerde algún momento en concreto, seguro encuentras una. Y una película, un edificio, un cuadro, un libro. En secreto o no, encerramos trocitos de nuestra historia dentro de esas creaciones porque están relacionadas íntimamente con la nuestra, y es fácil olvidar que, a su vez, los autores de esas manifestaciones depositaron antaño sus propios fragmentos vitales en las de otros. El fractal de cada creador son varias oportunidades para encontrar vibraciones similares a cada lector, espectador y oyente.

Vivir de lo que concebimos, ganar premios, tener reconocimiento, etcétera, sirve de poco si no percibimos que, al menos de tanto en cuando, logramos que alguien confíe parte de su vida, por pequeña que ésta sea, en lo que hacemos. Más que inservible, convertiría nuestro trabajo en uno gris, de oficina, realizado a desgana y sin invertir más que lo justo.

Y es que una cosa es la utilidad, el beneficio con su fuelle práctico, y otra la incombustible certeza de que para alguien, en algún momento, dejamos huella; una de las razones para vivir.

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