Sons of Anarchy

diciembre 12, 2012 Comentarios desactivados en Sons of Anarchy

Sons of Anarchy Motorcycle Club

(Photo credit: Wikipedia)

La primera vez que escuché hablar de Sons of Anarchy, fue en boca de mi mejor amigo. Pretendía venderme una serie de moteros como algo bueno. «Terminas queriendo montar tu propio club», me dijo.

Sons of Anarchy (de ahora en adelante SoA o SAMCRO) es una joya infravalorada. Cuenta cómo Jax Teller trata de recuperar antiguos ideales en su club de moteros mientras la violencia escala alimentada por el actual presidente. Un inicio muy hamletiano, de personajes batallando un presente azuzado por fantasmas del pasado en forma de cartas, bandas enemigas, errores o mentiras.

Con Ron Perlman inmenso, Katey Sagal envejeciendo como el buen vino, Theo Rossi ganando enteros con los años y Tommy Flanagan, Kim Coates, Ryan Hurst y Mark Boone Jr. de ángeles de la guarda —lo siento, Maggie Siff y Charlie Hunnam no despegan—, es fácil apreciar el crecimiento de Kurt Sutter al mando de su legión de guionistas.

Mientras las dos primeras temporadas se centraron en el club con tramas tensas de clímax explosivo, las dos siguientes fueron relojes de engranajes afinados con mimo artesanal desde el piloto. Bolas de nieve que, con premisas básicas de una asociación de marginados y trueques en tráfico de armas, se cargaban solas aún soltadas a mitad ladera.
Especialmente al final de la cuarta etapa, volcando la atención del grupo a los miembros, SoA muta de manera sorprendentemente delicada. Pasamos de buscar los mínimos derramamientos de sangre a las espirales de violencia descontrolada, de un club superviviente a una guerra en la que el botín son los múltiples ceros tras la coca, los burdeles y el regusto del poder territorial.
Así, un aparente pollo descabezado como trama finiquitaba con un cambio de paradigma dentro de la serie, entraba en escenarios totalmente inexplorados y quedábamos a la expectativa para esta quinta época con una mano delante y otra detrás.

Igual me equivoco, pero sospecho que reiniciar una franquicia, un reboot propiamente dicho, es infinitamente más sencillo que lo acontecido este año con los chicos de SAMCRO. Anteriormente disfruté redescubrimientos interesantes, como sucediera con el coach Taylor en Friday Night Lights, aunque en el fondo fueran solo progresos independientes del pasado. En cambio, esta temporada de SoA asistimos al encontronazo con sus propios restos, un uróboros complejo y profundo, con malos que olvidas que son amenazas, personajes rotos buscando su redención, hombres buenos flaqueando en las tinieblas de sus fantasmas y traidores que no quieren serlo ni saben si lo serán.

El único gran problema de SoA es que va de unos moteros que aman sus motos, su club y, sobre todo, a sus hermanos por encima de todas las cosas. Eso, en una España en la que lo más macarra que conocemos se viste de chándal y es incapaz de articular un discurso propio y defenderlo o interceder por sus cercanos como si le fuera la vida en ello, pues no vende. Somos más del cutrerío.

Y ahora, me largo a ver a qué precio me dejan un garaje que he visto con una pinta estupenda.

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