John Cleese: la creatividad (I)

enero 4, 2013 § 1 comentario

Tanto da si te gustan los Monty Python o no. Has escuchado hablar de ellos, visto uno de sus cortos o películas, te salpicó alguna referencia o, seguro, conoces a alguien que le pirren. A mí, para empezar.

Si aún así no te suenan de nada, te diré que es un grupo de comediantes, integrado por Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin, que a partir de finales de los sesenta se dedicó a violar los límites del humor usado con el gran público de manera sistemática. Mediante endiablados juegos de palabras y la concatenación de escenas, imprimieron a la comedia un ritmo rápido plagado de referencias inmediatas trasladando al cotidiano una narrativa cercana al flujo de la consciencia.

Los Monty Python funcionaban por su entusiasmo, pues las desavenencias entre los métodos de trabajo les obligaba a construir sus guiones por separado. Por un lado, Cleese y Chapman usaban una metodología ordenada y calibrada; por el otro, Jones y Palin eran los escritores espontáneos; por último, Idle era el loco solitario al que le seducían los juegos de palabras. Esto, que podría ser trivial, te ayudará a enmarcar la actitud de Cleese durante esta charla.

En ella, además, se alude al ensayo de Donald McKinnon titulado Creativity: a multi-faceted phenomenon y al Homo Ludens de Johan Huizinga. Ambos textos son altamente recomendables si te apetece indagar sobre el proceso creativo.

Permíteme señalar algunas porciones de la primera parte del vídeo que considero claves en el discurso de Cleese, las palabras que encierran el mayor secreto de los que se dedican a crear: trabajo, orden, calma.

Me resulta fútil hablar sobre la creatividad porque simplemente no puede explicarse; como la música de Mozart, las pinturas de Van Gogh o la propaganda de Saddam Hussein.

La creatividad no es un talento. Es un método de trabajo (…) No es una habilidad que posees o no.

Los modos

Los más creativos sólo adquirieron una facilidad para llegar a un estado de ánimo, una forma de operar, que permitía funcionar a su creatividad natural. [Donald McKinnon] Definió esa facilidad como una ‘habilidad para jugar’. De hecho, describía a los que operaban en ese estado de ánimo como ‘infantiles’ por su manera de jugar con las ideas, explorarlas, no por un propósito inmediato, sino por el placer de hacerlo.

El modo cerrado es aquel en el que permanecemos la mayor parte de nuestro tiempo consciente. Ese en el que tenemos la sensación de que hay muchísimas cosas por hacer (…), es un modo activo, probablemente ansioso, aún cuando esa ansiedad pudiera ser excitante y placentera. (…) Un modo tenso, sin demasiado humor, orientado a los resultados, en el que podemos llegar a agobiarnos muchísimo, pero en absoluto hacernos creativos.

Por contra, el modo abierto es uno modo relajado, expansivo, menos orientado a los resultados, en el que nos podemos encontrar más contemplativos, más inclinados al humor, lo que siempre nos proporciona una mayor perspectiva y, consecuentemente, nos hace más traviesos.

Necesitamos estar en modo abierto al ponderar un problema, pero, una vez llegamos a una solución, debemos cambiar al modo cerrado para implementarla. Porque una vez hemos realizado una decisión, sólo somos eficientes si la aplicamos decisivamente, sin distraernos por las dudas sobre su exactitud. Para ser eficientes, necesitamos poder cambiar entre los dos modos. Pero, y aquí está el problema, a menudo nos atascamos en el modo cerrado. Bajo las presiones que nos son familiares, tendemos a acotar nuestra visión en los momentos en los que realmente necesitamos dar un paso atrás y tomar distancia.

Espacio de trabajo

No puedes juguetear, y por lo tanto ser creativo, si estás bajo presiones cotidianas. (….) Debes concebir un espacio propio, seguro y apartado de esas obligaciones; y esto significa recluirte. Necesitas un lugar tranquilo donde no seas molestado.

Tiempo (I)

No es suficiente con crear un espacio; debes crearlo durante un periodo de tiempo específico. Que dure, pongamos, hasta las 15.30 y después de ese momento retomar tu vida normal.

El juego es distinto de la vida cotidiana tanto en lugar como en duración. Esa es la mayor característica, el encierro y la ausencia de límites que comienza y termina en un determinado momento. Si no, no es jugar.”

Con estos dos primeros factores [espacio y tiempo] creamos un oasis de quietud para nosotros estableciendo límites de espacio y tiempo. En ese instante la creatividad puede surgir en cuanto separamos el juego de lo cotidiano.

Hablando de crear un oasis de tranquilidad: en cuanto lo tengas, tu mente volverá a correr. No te lo tomes a pecho, permanece sentado un momento, tolerando la sublevación y la ligera ansiedad implicada, y tras un rato tu mente se tranquilizará de nuevo. Precisamente porque se tarda un poco en conseguir que la mente baje de revoluciones (…) Recomiendo trabajar con una buena cantidad de tiempo, aproximadamente una hora y media. Una vez entras en el modo abierto, tienes más o menos una hora para lograr que algo suceda. Pero no inviertas una mañana entera en ello.

En la segunda parte, encontrarás más información acerca de cómo emplear ese tiempo del modo abierto, la importancia de la confianza y del humor.

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§ Una respuesta a John Cleese: la creatividad (I)

  • […] La semana pasada, resalté algunos puntos de la primera mitad de la charla de John Cleese acerca de la creatividad. Hoy toca la segunda parte. En esta ocasión, aunque sigue apoyado en el ensayo de Donald McKinnon titulado Creativity: a multi-faceted phenomenon, también se refiere a Edward de Bono y su Po, Beyond Yes and No. […]

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