¿La fórmula contra la piratería?

enero 7, 2013 Comentarios desactivados en ¿La fórmula contra la piratería?

Kim Dotcom, painted portrait by Cart'1 @ Abode...

(Photo credit: Abode of Chaos)

A estas alturas de la película todos conocemos a Kim Dotcom, el dueño de MegaUpload al que el FBI cercó hará un año. Muchos helicópteros, policías, días de juicio, discos duros perdidos y espectáculos después, y con su nuevo servicio a punto de caramelo, uno de los tipos más polémicos en Internet condensó en un tweet su remedio contra la piratería:

Cómo parar la piratería: 1 Crea cosas molonas 2 Hazlas fáciles de adquirir 3 Lánzalas en todo el mundo a la vez 4 A un precio justo 5 Que funcionen en todos los dispositivos.

Curiosamente, la mayoría de las réplicas señalan un detalle: el dinero. ¿Cuánto es justo? ¿Es justo equivalente a gratuito? ¿Y a barato? ¿El precio de un país es igual de justo para otro? ¿Esto parará realmente la piratería?

Opino como consumidor más que autor: los cinco pasos de Kim Dotcom no son la panacea contra la piratería. Menos aún contemplándolos desde el prisma económico de las respuestas al tweet. Sin embargo, sí la considero una alternativa al sistema actual; un filtro.

La fórmula del antiguo dueño de MegaUpload permite que se sigan descargando películas, música, series o aplicaciones. Por muchas defensas y argucias que se inventen, siempre habrá quien reviente el cofre. Sucedió con la imprenta, las cintas de casete, los CDs, las fotocopias, las consolas y algunas formas de DRM, y sucederá mientras accedamos a la tecnología y los conocimientos necesarios para ejecutar ingeniería inversa. Da igual en qué se escude el personal; lo cierto es que el mayor partido de las contramedidas es disponer de material sin pasar por caja.

Sin embargo, año a año, las compañías con productos alucinantes engrosan sus arcas a pesar de la piratería, nuevos emprendedores amasan sus pequeñas y primeras fortunas y, seguramente, a finales de 2013 hablaremos de millonarios hoy desconocidos y de negocios funcionando viento en popa. También veremos otros que desaparecerán y de muchos de ellos culparán a la piratería. Más serán las voces que hablen de que el fracaso se debe a un modelo caduco o al empeoramiento de un producto convertido en irrelevante.

Quizá a ti te dé igual cierto contenido, que descargues una herramienta básica de trabajo porque su precio es abusivo, o acudas a una versión libre antes de desembolsar una cantidad, astronómica o no. Quizá practicas el desapego Zen y, por lo tanto, prescindas de soltar pasta en tonterías innecesarias. Podrían llamarte pirata por eso; de hecho lo hacen. Pero…

¿Y si resultara que el dinero está fuera del circuito? Pongamos que si colocas 10.000 ejemplares consigues un cheque para la comida de todo un año; a los 20.000 te aseguras luz y agua y gas; a los 30.000 te regalan un coche; a los 40.000 puedes comprarte una casa; a los 50.000, por tu propio mérito, te dan acceso a un círculo elitista de la alta sociedad.
¿Dónde radica el valor entonces, en tu distribución y alcance o en tu dinero?

Situar el dinero en mitad de la ecuación crea un obstáculo ante las cifras, contando sólo lo vendido. La cosa es que, a menudo, un ejemplar sin vender genera conversación y a partir de esa supuesta pérdida consigues vender dos o tres. Pero para eso, el valor tiene que trascender al dinero, porque de lo contrario seguirás sólo con un ejemplar sin vender.

Centrarse en el efectivo es fijarse en el estorbo, encarnar el miedo a que tu producto desagrade y reporte poco, lo pirateen o no. Que tu primera reacción disocie el beneficio de la distribución —en la que la piratería puede jugar un papel importante—, implica que te da pavor ser insuficiente y necesitas acallar ese pánico con dólares, euros o libras.

Si nos orientamos a precios menores (y así parece, años después de éxitos emergentes como el crowdfunding o las stores de Apple y Android), es por algo. Ese algo reside en la propia obra, en la dedicación que la respalda, el cuidado y el mimo tras los detalles. A eso apunta Kim Dotcom, a que en un mundo con precios ajustados, ese valor —en cierto modo artesano, añado—, será el filtro que mande a la cuneta a quienes sólo piensen en monetizar su trabajo.

O lo que es lo mismo: la fórmula de la piratería habla de dedicar más a un producto mejor, que es lo más terrorífico para los que sueñan con pelotazos cutres de precios hinchados.

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