John Cleese: la creatividad (II)

enero 15, 2013 Comentarios desactivados en John Cleese: la creatividad (II)

La semana pasada, resalté algunos puntos de la primera mitad de la charla de John Cleese acerca de la creatividad. Hoy toca la segunda parte. En esta ocasión, aunque sigue apoyado en el ensayo de Donald McKinnon titulado Creativity: a multi-faceted phenomenon, también se refiere a Edward de Bono y su Po, Beyond Yes and No.

Al modo abierto y el cerrado, el tiempo necesario para cambiar de uno a otro y el espacio de trabajo, ahora se suman las nociones acerca del tiempo dedicado a pensar sobre los problemas, el valor de la confianza en ese espacio creativo y, sobre todo, la importancia del humor, la perseverancia, los buenos compañeros y la búsqueda de la libre asociación como motor de la creatividad.

Tiempo (II)

Tenemos un problema y debemos resolverlo. Hasta conseguirlo, percibimos esa agitación interna, tensión o incertidumbre que provoca que jugar resulte incómodo. Así que para sacudirnos ese malestar, tomamos una decisión; no por ser la mejor, sino porque nos sentiremos mejor. La gente creativa aprendió a tolerar esa incomodidad durante más rato y, sólo por pasar más tiempo reflexionando, sus soluciones fueron más creativas.

He visto que con quien más me cuesta crear es con quienes necesitan proyectar constantemente una imagen de si mismos como decisivos. Siento que para lograr esa imagen creen que deben tomar decisiones rápidamente y con una gran confianza. Esa actitud es la manera más efectiva de estrangular la creatividad desde el nacimiento.

No estoy contra la decisión. Estoy convencido al 100% de tomar una decisión cuando deba ser tomada y aferrarse a ella durante la implementación. Lo que digo es que antes de tomar una decisión, nos preguntemos: “¿Para cuándo debe ser tomada esta decisión?” Una vez respondida la cuestión, aplazar la decisión hasta entonces, dándose el máximo tiempo de ponderación.

Otro requisito para ser creativo, aparte de entrar en el modo abierto, es mantener la mente revoloteando sobre el asunto a reflexionar. Divagarán, por supuesto, pero simplemente vuelvan al punto inicial, como en la meditación. Si afincan su mente contra el asunto, amistosa pero persistentemente, tarde o temprano conseguirán la recompensa del subconsciente. Quizá en la ducha o puede que durante el desayuno de la mañana siguiente pero, de repente, la recompensa saldrá de la nada.

Confianza

Nada interrumpe la creatividad más eficientemente que el miedo a equivocarse. Jugar es experimentar. “¿Qué sucede si hago esto? ¿Y si hago aquello? ¿Y si…?” La esencia de jugar es la apertura a que todo puede suceder, la sensación de que pase lo que pase, estará bien.

Arriésguense a decir estupideces, ideas ilógicas, equivocadas. La mejor manera de conseguir la confianza para ello es saber que mientras somos creativos nada está mal, que no existen los errores.

Creo que es sencillo ser creativo con las personas con las que podemos jugar. Me percaté que con dos o tres personas, lanzando y recibiendo ideas, llegaba a sitios más interesantes y originales que a los que hubiera llegado por mi propio pie. Pero hay un peligro. Si hay una sola persona alrededor que les coloca a la defensiva, se pierde la confianza de jugar con la creatividad. Asegúrense de trastear con gente que les guste y en la que confíen, y nunca digan nada que les apabulle; nunca digan “no” o “equivocado” o “no me gusta”, sean siempre positivos. Construyan con “¿Y no sería mejor…?”, “creo que no lo entiendo, ¿podrías explicarlo mejor?”, “¿y si…?”, “pongamos que…”; construyan un ambiente lo más libre posible.

Humor

Lo más importante del humor es que puede trasladarnos del modo cerrado al abierto más rápido que cualquier otra cosa.

Podríamos discutir asuntos extremadamente serios como la educación de nuestros hijos, nuestros matrimonios, el sentido de la vida, riendo. Y nada de eso haría que lo discutido fuera menos serio. La solemnidad, por otro lado, no sé para qué es. ¿Para qué sirve? Los funerales más magníficos a los que he asistido tenían un montón de humor, y de alguna manera nos liberaron, nos inspiraron, fueron catárticos.

La creatividad es como el humor. En un chiste, la risa surge en el momento que conectas dos marcos de referencia de una nueva manera. Podemos usar un ordenador para crear miles de millones de conexiones o yuxtaposiciones, pero serán relevantes sólo si generan un nuevo significado. Mientras juegas, puedes crear deliberadamente estas yuxtaposiciones y usar la intuición para dilucidar si alguna de ellas tiene algún tipo de relevancia. Eso es lo que un ordenador no puede llevar a cabo. Puede producir millones de nuevas conexiones, pero no puede decir cuáles suenan interesantes.

Y por supuesto, habrá yuxtaposiciones absolutamente ridículas y absurdas. ¡Bien! Porque Edward de Bono, quien inventó la noción de pensamiento lateral, sugiere en “Po, más allá del sí y el no”, que podemos flexibilizar las presunciones llevando a cabo conexiones deliberadamente extrañas. Llama a esas ideas absurdas “Imposibles intermedios”, y señala que el uso de un imposible intermedio es completamente contrario al pensamiento lógico habitual, en el que cada etapa es correcta. No importa si el imposible inmediato es adecuado o absurdo, puede ser usado como escalón a otra idea que sea acertada. Otro ejemplo de que cuando jugamos, nada está mal.

Como puedes imaginar, hay mucho que tratar ¡Y así será en la tercera entrega!

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