Esos pequeños pecados

enero 16, 2013 Comentarios desactivados en Esos pequeños pecados

English: The counterpart to the Original Sin, ...

(Photo credit: Wikipedia)

Todo el mundo quiere una vida cultivada a base de libros, películas y amigos de los de verdad, elementos ajenos que adoptas porque te aportan y te sientan estupendamente a medida que edifican tu constructo cultural, que casi se diría que riegan tu humanidad de sabiduría y otras hierbas.

Pero, entre tú y yo, lo mismo ocurre con las dietas saludables. Está bien y tu cuerpo las agradece. Sin embargo, una vez cada tanto echas de menos el dulce de bollería, un capricho, y sales en mitad de la noche a ver si ofertan la guarrada gastronómica más obscena del mercado, algo como una napolitana enorme rellena de chocolate y crema, con su capa de glaseado y unas hebras de caramelo fundido, todo coronado por virutas de almendra. Satán en la dieta, vaya. Si engordara lo pasaría fatal.

Tiendo a seleccionar mis lecturas con cautela, en base a recomendaciones de amigos de criterio en el que confío. De hecho, ambas cosas van de la mano. Una lleva a la otra y generalmente no me permito transgresiones literarias. Podría confesar que leí El Código Da Vinci en su día fascinado por tamaña aberración, aunque lo cierto es que tengo suficiente con las maldades perpetradas desde mi teclado.

No soy un melómano redomado y la música que me gusta es más una excusa mientras busco un ritmo, un medio antes que un fin, por lo que poco puedo escandalizar (eso sí, recuerdo con cariño la canción del yogur caducado y la de Chtulhu). Es posible que mis mayores pecados se ubiquen entre las esculturas y las artes pictóricas y, honestamente, considero que en esas artes mi dominio al respecto me facilita discernir lo pecaminoso con la misma fiabilidad de una oveja corroborando la certeza de la Teoría de Cuerdas.

Por tanto, y acortando, reconozco elegir mis manchas a conciencia en un terreno muy, muy, muy concreto: las series. Por un lado, las termino incluso después de dar el producto muerto por explotación; me sucedió con Lost, con Fringe o con Greek. Por otro, en ocasiones sé de antemano que no me aportarán gran cosa o que les falta un hervor; es el caso de Leverage (Las Reglas del Juego) o Happy Endings.

Series con las que podría dormirme y no sentiría remordimientos si no fuera porque, a pesar de no hilar tan fino como me gustaría, siguen teniendo un algo, una pequeña chispa de genialidad, atrevimiento o socarronería que me absorbe. A veces las escojo pensando en aprender qué me disgusta y no trasladarlo a las historias que quisiera contar, para refrescar pautas que considero engaños al espectador, oyente o lector.

Series-pecado que las ves y sabes que está mal. Son nocivas, disfuncionales, proyectos concebidos y alumbrados contra todo pronóstico, cuidadosamente diseñadas para un público tirando a borderline o que se salvan por un pelo. Producciones de las que estudiar los engranajes que funcionen, por escasos que éstos sean, o son tan directas y planas que te muestran los más y los menos argumentales y, predicción mediante, se convierten en clases rápidas de narrativa efectista de veinte o cuarenta minutos.

Aunque podría ser peor. Podría decantarme por Gandía Shore.

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