Censura, videojuegos y pataleos

enero 21, 2013 Comentarios desactivados en Censura, videojuegos y pataleos

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(Photo credit: Wikipedia)

Esta mañana me llegaba por twitter un artículo acerca de la censura en videojuegos. Una batería de preguntas abiertas, cuyo cierre conducía a una conclusión:

«Si mañana Apple o Amazon o cualquier otro impide la distribución de un libro por temas sexuales y religiosos tendríamos un debate con todo el sector encima. Con los videojuegos no pasa eso.»

Ahí está. Mocazo sesgado tan grande que la Sky Tower pregunta qué le hace sombra. ¿Que se defiende más la libertad literaria que la de los videojuegos? Ni por asomo

Dejemos a un lado que la primera y más feroz censura ocurre en la intimidad del escritor, sin equipo creativo alguno. Abordas ciertos temas compensándote entre la sobriedad y el exhibicionismo torturado, sabiendo que las trabas son El Mal. Apartemos que, sobre el papel, los autores más salvajes cercenaron meticulosamente, lamentándose durante la edición, en aras del entendimiento entre él y su lector.

Antes de dar con el lomo en las estanterías, la mayoría pasa por un agente y un editor que convendrán qué elementos exceden, entre otras cosas, el mal gusto. Amazon, fantástico saco de joyas literarias increíbles y basura infumable por igual, también es conocida la limpieza periódica y silenciosa. En otras palabras: para cuando un libro se pone a la venta éste sobrevivió a varias mutilaciones, eufemismos censores llamados estudio de mercado, product placement y “esto no vende, colega”. Detalles que rara vez trascienden al consumidor final.

Otro ejemplo más, esta vez cinematográfico: Carrie, de Stephen King, contiene una escena de amputación escalofriante. William Goldman peleó durante un año por incorporarla en el guión ¡Era la esencia! Por el bien del espectador, se convirtió en un machaque de tobillos fuera de plano.

Barreras y más barreras, incluso si no son estrictamente censuras. Para que un juego salte la tijera sólo necesita cumplir con las agencias de calificación y, como mucho, su distribuidora. Por lo demás, aún está por ver un título que rectifique antes de pretender infiltrarse al mercado.

Leemos y escuchamos más ruido sobre videojuegos que de literatura. Quizá son el objetivo a abatir actualmente, el clavo a martillear por la sociedad de la información. Nuestro cine supera los treinta años desde su cruzada censora más radical, mientras los libros prohibidos por todo el globo anualmente se cuentan por centenares. La clase de noticias que nos llegan de refilón, si lo hacen, como en diciembre de 2012, con el caso del tipo al que Amazon le borró el contenido de su Kindle.

Mortal Kombat y sus cascadas sangrientas, las drogas de MetalGear Solid, Grand Theft Auto y su mundo de perversión y putas coparon un par de telediarios. Desde entonces, cada medio año, con suerte surge alguna marcianada en el telediario de las tres y las nueve. Es un proceso lento, pero constante. El último libro reprobado en España data de finales de 2011, ‘Comprender y sanar la homosexualidad’, de Richard Cohen, y también duró dos telediarios. El tiempo de ejecutar una retirada parcial de los estantes. Luego, puf, vuelta a la rutina. ¿Cuántas noticias similares escuchaste o leíste desde entonces? ¿Cuántos títulos desaparecieron de nuestras estanterías en 2012? ¿Cuántos debates sobre reprobaciones literarias?

¿Gozamos de libertad literaria? Según. En nuestras estanterías, proceso de creación y marketing aparte, sí. No obstante, si el mundo se acaba en nuestros medios de comunicación y éstos enfocan juegos polémicos en otras latitudes, seamos justos y consideremos la censura literaria a lo largo y ancho de todo el globo. Ésta es la lista de los diez libros más importantes condenados en 2012 en Estados Unidos, el Paraíso de la Libertad.

Cuando al otro lado del charco cumplen treinta años de la semana conmemorativa de los libros prohibidos, te preguntas si el problema es la censura o cómo reaccionamos los consumidores; especialmente los de aquí. En este país en el que la literatura está menos de moda que Felix Baumgartner girando en caída libre, la censura literaria no se acepta mejor o peor, es que ni importa, ni vende. La última vez que llamó la atención del público español a gran escala fue a raíz de las amenazas a Roberto Saviano por escribir Gomorra, frivolizándolas como un reclamo.

¿Los videojuegos resultan atacados más ferozmente? ¿O los padres fueron incapaces de inculcar el gusto por leer? Cada vez que se intenta censurar un juego, surge la polémica ¿será, acaso, que se acepta peor en esa disciplina concreta? Si tan aceptada es, ¿No deberíamos hablar simplemente de censura en general?

En mi opinión, los videojuegos censurados siguen siendo una franca minoría, aquí o en orillas lejanas, y quejarse comparándose con la literatura demuestra haber perdido, como poco, la perspectiva.

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