El Buddy System

enero 30, 2013 § 2 comentarios

My Name Is Buddy

(Photo credit: Wikipedia)

Seguro que más de uno imagina la vida de los escritores como laboriosa y dedicada, de clerical silencio y soledad. Realmente es una consecución de noches de fiesta y orgías desenfrenadas que… no, es más bien lo primero, ¿a quién pretendemos engañar a estas alturas?

Al menos, la porción solitaria es cierta en las horas de trabajo. Aunque también lo es que, fuera de ellas, solemos tener el cuerpo en el presente y la cabeza en el proyecto. Una obsesión acrecentada en épocas de estrés y potenciada si no podemos compartir qué nos perturba con un camarada de profesión. Imaginando esa tara en el largo recorrido de una novela o un guión, del uno al diez, un autor podría marcarse un dos mil en la escala de la locura. Sin despeinarse.

Cada uno lidia con esas cosas a su aire. He repartido fragmentos y usado la nube con Google Drive (o Docs), permitiendo que unos pocos allegados me vieran en tiempo casi real. Y el rollo exhibicionista está bien, salvo que el feedback inmediato distorsione el acto creativo en sí o, de rebote, devenga una imposición mayor por cumplir y trastoque las ocasionales pausas necesarias al planificar pasos o sedimentar ideas.

No obstante, leyendo acerca del Buddy System en Poynter, entendí que capeo la ofuscación de otra manera: perfilando rompecabezas sin texto de por medio.

La presión mata, especialmente la autoimpuesta, aunque a veces es inevitable. Te atascas por cuestiones técnicas, averiguando el mejor orden al contar una historia o sospechas una revisión profunda en mitad del camino. Entonces entra en juego un lector de confianza. Y con eso me refiero a un receptor integral, nada de editores u otros autores.

Un autor, como un padre, pierde perspectiva. Pregúntale a cualquier progenitor a ver qué le parecen sus hijos. Algunos te dirán que los aman con locura, otros que desearían que no hubieran nacido. Amamos y odiamos a nuestras creaciones, sin punto medio. En esos casos, esa visión externa y desafectada es oro.

La cosa va de exponer, a grandes rasgos, qué te reconcome. Aun afinando, prescindir de texto dificultará entrar en pormenores, dividirás el problema en pequeñas piezas por inercia, modulando tu trabajo y trasteando con las infinitas posibilidades. Es similar a interpretar una puesta en escena de una propuesta, sin los nervios de una entrevista y con la ventaja de discernir dónde chirrías. A un lector los cambios a realizar en los detalles le traen sin cuidado. La manipulación del producto u obra le interesa, pero no le entusiasma. Aun así, saltará el primero al decir cuándo algo le suena raro. Quizá por instinto, o porque quiere leerte y no dirigir, habitualmente estará en lo correcto.

Por supuesto, es elección de cada uno. Quién sabe si, en tu caso, tu mejor aliado es otro escritor o aquel que la última vez que tocó un libro fue en la facultad; la esencia sigue siendo la misma: una persona centrada en impulsar allá donde dudes, ayudándote a engrasar tus engranajes creativos sin interferir en tus piezas, a base de indagar mucho. Alguien instándote a dejarte de tonterías al contarle qué te agobia, que extraiga qué tienes en tu mente para ubicarte en la búsqueda de soluciones y después, con la seguridad de un amigo, te mande de vuelta a la cueva.

Sin tanta obsesión ni tanta puñeta.

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§ 2 respuestas a El Buddy System

  • irenetejada dice:

    No es sólo la obsesión, es la dirección en sí. Me explico: es cuando quieres escribir algo y tienes la idea y la vas desarrollando pero luego piensas que tal vez sería mejor si cambiaras un poco la perspectiva y de repente del argumento original te vas separando sin darte cuenta en busca de algo completamente distinto pero que a la vez es exactamente lo que querías decir desde un principio. O tal vez algo mejor. En fin, creo que buscaré un buddy… tal vez pueda emborrachar a alguien…

  • […] semana pasada hablé del Buddy System. De la importancia de tener una persona con que convertir los pequeños accesos de pánico y […]

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