Algunos errores buenos

febrero 8, 2013 Comentarios desactivados en Algunos errores buenos

Margin for Error

(Photo credit: Wikipedia)

El miércoles por la noche asistí a la II Muestra de Cortometrajes de la escuela El Plató de Cinema, donde los alumnos de primer curso exhibieron sus pasos iniciales contando historias.

Comenté en su momento que todos somos críticos y que la diferencia radica en cómo exponemos y nos exponemos las críticas. Aunque parezca mentira, criticar lo que habitualmente ves en la pequeña y gran pantalla es sencillo. Incluso las películas de sobremesa de los domingos, producciones desafinadas donde las haya, funcionan a niveles básicos que destacan las miserias de un proyecto inacabado o, peor aún, tratado perezosamente.

Por lo tanto, ejercer la crítica en esta ocasión sería una estupidez. Esos trabajos de la muestra, con sus equivocaciones y meteduras de pata, son joyas. Que me gusten o no, es irrelevante. Son intentonas de valor en bruto, apuestas respetables. Unas que obligan a reflexionar y a recordarse lo necesario hacer las paces con los errores, convertirlos en la energía de la próxima zancada. Por eso he decidido que, antes de liarme la manta a la cabeza ladrándote equívocos ajenos, meteré la nariz en mis asuntos y te contaré en qué campos cometo los errores que más me avergüenzan.

  1. Las descripciones. Chekhov (Chéjov, según a quién preguntes) enunciaba: “no me digas que la luna brilla, muéstrame el destello de su luz en un vidrio roto”. Caigo muy fácilmente en esa dirección en los borradores y en los barruntes. Y me sorprende porque, paradójicamente, antaño era al revés.
  2. La diferenciación entre personajes. A menudo recalo excesivamente en los clichés en aras de la velocidad, difuminando carácter y propinándome un capón para que preste más atención a la gente de verdad que a encorsetadas referencias culturales.
  3. Aunque los tiempos y cadencias se arreglen mediante tijera y recortes durante la edición, considero ser más transparente de lo que me gustaría. Es bueno dotar de cierto paso a la voz, pero un ritmo indebido al construir suspense o comedia vuela la tensión de una escena o un acto.
  4. La impaciencia. Por supuesto, lo anterior sólo se explica aclarando que soy un inquieto. Quiero las cosas para ayer y reposo los textos en el rincón más profundo del último cajón al que me apetecerá llegar nunca, pues sé que los primeros días querré retocarlos compulsivamente. Lo mismo podemos aplicar a los obstáculos narrativos: debo frenarme para evitar aplicar la primera solución que pase.
  5. El trabajo en grupo. Me gusta la gente que motiva con resultados, no palabras; ésas se las lleva el viento y olvidamos tres cuartas partes de lo que escuchamos en cuatro horas. Un profesional cuidadoso, con una entrega apasionada, entusiasmo casi desmedido, capaz de mover cielo y tierra por un proyecto, eso me da la vida. Puede que no te parezca tan grave, pero si estás en mi barco e incumples esos requisitos, es fácil que caiga en la intransigencia y eso sí me suena a error.
  6. El perfeccionismo o censor interno, llámalo como quieras. Se despierta antes que yo y se duerme después. De alguna manera, este post y la lista son reflejos del pequeño e incómodo bastardo que nos mantiene a salvo de fallar. Ignoro si alguna vez me libraré de él y tampoco tengo muy claro si debería hacerlo. Mientras me lo pienso, seguiré combatiéndolo a fuerza de exponer parte de mi trabajo en sucio; no vaya a ser que quizá sea cosa de domarlo.
  7. Los títulos. Punto.

Editado: basta iniciar un artículo sobre patinazos para terminar publicando mientras editas :)

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