Radio bloqueo

febrero 19, 2013 Comentarios desactivados en Radio bloqueo

English: Photo of Thomas Mallon during Summer ...

(Photo credit: Wikipedia)

“Mi receta contra el bloqueo de escritor es enfrentar el hecho de que no existe. Es un invento, un versión literaria de la “excusa por abusos” judicial.

Escribir bien es difícil, pero uno siempre puede escribir algo. Y después, con mucho trabajo, mejorarlo. Es cuestión de tener suficiente voluntad y ambición, no de esperar evitar la misteriosa histeria de la que la gente siempre habla”.

Revisaba mis feeds al topar con esta cita de Thomas Mallon como gota desde Tinta Al Sol (altamente recomendable y descubierto gracias a Marina). Me recuerda a cuando resumí, con Erica Jong y su “todos los problemas de la escritura son psicológicos”, por qué no existe el bloqueo del escritor. Que, en el mejor de los casos, la dificultad de poner palabras es una consecuencia. Y sigo manteniéndolo.

Escribir es algo parecido a transcribir un programa de radio locutado por nuestra voz interna. Por bueno que sea un aparato de radio, mover el dial a la frecuencia de una emisora no le impide seguir recibiendo otras señales. En tu cabeza ocurre exactamente lo mismo: mientras escribes, de fondo, otras voces articulan otros programas en otras frecuencias. La de tus obligaciones cotidianas, la de tus relaciones, la de tus miedos, por ejemplo, y todas a la vez.

En ocasiones te molestan pero centras la atención en el mensaje interesante, alto y claro, y escribes a pesar del runrún. Otras, sólo existe la interferencia, un silencio sepulcral absoluto o el ruido blanco, con su zumbido rasgante como de televisor sin sintonizar. Es lo que se conoce bajo el nombre de bloqueo.

Dejando ese rollito medio sci-fi, encontramos dos corrientes de pensamiento sobre cómo salir del atolladero: quienes sostienen que la clave está en acometer y solventar las interferencias y los que abogan por escribir en mitad del sarao, inventando, si hace falta. Creo que el mejor camino a seguir depende de muchos factores. Del tipo de interferencia, de cuántas hablamos, y cuántas están directamente relacionadas con lo que escribes. Quizá baste con cambiar algún hábito, el lugar de trabajo o un horario distinto, o limitarte a escribir a través de la turbulencia y rezar para conseguir algunas líneas decentes con la certeza de la edición posterior.

Por eso es importante sincerarse con uno mismo, discernir y conocer la fuente de la interferencia.

Si el problema reside en tu texto, recuerda que siempre podrás editar; si es la estructura, juega a reescribirla una y otra vez; si te atascas antes de eso y no sabes qué o cómo abordar algo, busca durante un tiempo prudencial un tema y manera y escribe, incluso si no te aclaraste; si el escollo radica en factores externos, asegúrate de si tienen relación con el texto, calibra su urgencia y define si puedes resolverlos inmediatamente o no. Si no te salen las palabras, encuentra la interferencia y destrúyela. Para un rato, si lo necesitas. Da media vuelta o vuelve a empezar, si es menester. Pelea tus letras a través de ella, si te ves capaz. Haz lo que sea.

Y luego, escribe.

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