Escribir alterado

marzo 7, 2013 Comentarios desactivados en Escribir alterado

Chemical Structure of LSD (Lysergic acid dieth...

(Photo credit: Wikipedia)

Más divertido que escribir lo que te apetezca es escribir en situaciones en que no pasearías el lápiz en el papel o los dedos por las teclas. Dicho así parece que insinúe algún tipo de lance sexual, y la idea es atrayente y seguro existen mil historias, aunque hablo de algo ligeramente distinto.

Escribir en estados alterados de conciencia es una chorrada de hippie y defenestrado mental la primera vez que se te ocurren. Sin entrar en la superación de barreras y demás parafernalia literaria que ya toqué anteriormente, juntar letras borracho como una rata o más puesto que Tony Montana son aventuras creativas que suenan a poco productivas. Y en parte, puede ser así. De la prosa violenta en ritmo y cadencia de la escritura bajo los efectos del alcohol a los devaneos delirantes de la fiebre que me postró en cama estas últimas semanas, teclear empapado en sustancias recreativas —o no—, es dar a luz a resultados variopintos.

No voy a tirarme el moco de cascar un post sobre neurociencia, ni a liarme la manta a la cabeza defendiendo cómo el LSD hizo milagros por la ciencia, en sujetos y en científicos (de eso se encargó WiReD hace poco en un artículo estupendo). Recuerda que trabajas con tu sesera y sus producciones, experimenta en situaciones en que dejarías pasar el tiempo o no asocies al proceso creativo. Desde luego, no te animo a que te pongas hasta las trancas de farlopa o escribas una catársis lisérgica en la que extrañas metáforas ponen patas arriba nuestro sistema de valores como sociedad. Pero sí te animo a que, ya puestos a pegarte un buen cuelgue, si alguna de éstas te ves con las suficientes fuerzas, pruebes a escribir mientras viajas.

En lugar de un ensayo, de una entrada de diario elaborada o un trozo de una novela o un poema, tomar notas sueltas puede valerte. Muchos twittearon excursiones a lomos del ácido y encontrarás historias hilarantes con perlas literarias fascinantes. Con guardar un recuerdo real de qué frases surgieron, qué imaginería querías atrapar durante ese momento en el que despegaste de la realidad común, tendrás bastante. Insisto: sin necesidad de estar colocado, una semana de fiebre te da para cantidades industriales de material.

De lo que va esto es de apreciar y encontrar nuevas formas de lenguaje. De comparar con lo que dirías normalmente y captar patrones desconocidos, integrándolos en tus diálogos y mejorándolos, rescatando fracciones expresivas que jamás saldrían de ti en condiciones cotidianas. Olvídate de ser una reversión de Burroughs, Kerouac, Bukowski, Poe o Hemingway. Simplemente juega con las palabras, percibe maneras diversas de crear con ellas, búscate en esas fotografías literarias fragmentadas por una conciencia rota y, lejos de avergonzarte, léete con ánimo curioso.

Si quieres, por facilitarte las cosas, guárdate esos textos. Mételos en una carpeta muy característica y atesóralos con cariño. A fin de cuentas, sigue siendo tu cerebro, siguen siendo tus letras y sigues siendo tú. Escribe y diviértete.

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