4 formas plásticas de trabajar con tus textos

marzo 11, 2013 Comentarios desactivados en 4 formas plásticas de trabajar con tus textos


Existe una diferencia fundamental entre lo conocido como estar bloqueado e ignorar por dónde coger un texto: lo segundo es una cuestión organizativa, no un altercado psicológico.

En toda historia, una causa lleva a un hecho que desemboca en una consecuencia, que a su vez será la causa de otro efecto, eslabonando la cadena de eventos hasta el final. Quizá narres hacia atrás, dividas en retrospectivas teñidas de sepia o uses a varios personajes para contar distintas versiones en un puzzle argumental pero, paso a paso, los acontecimientos darán lugar a un planteamiento, un nudo y un desenlace.

Un outline o escaleta es una relación de escenas, resumidas en una frase cada una, que sirven de apoyo y hoja de ruta; las migajas de pan de Pulgarcito y Hansel y Gretel. Si en una escena rescatan a Juanito de una cueva, lo escribes tal cual: «Juanito es rescatado de la cueva». Tres o cuatro frases así son el esqueleto de un capítulo de una novela. En teatro o cine se agrupan por actos y, generalmente, destacan momentos álgidos como la puesta en marcha del primer conflicto.

Sucede que hay ocasiones en que ignoramos qué camino tomar para llegar a nuestro destino y nos atascamos. ¿Qué hacer entonces? Cambiar de dimensión.

Identificar cromáticamente los puntos clave de la escaleta o el outline. Suelo usar la paleta de azules con el planteamiento, de rojos en el nudo y de verdes para el desenlace. Tonalidades pastel y claras en cada inicio y saturadas según la importancia de la escena y a medida que llega el entreacto o el final. Así visualizo el ritmo y localizo escenas desubicadas en tensión.

Construir la escaleta en el mundo real. La imagen de cabecera es algo que usé durante la concepción de la obra de teatro que empezará a ensayarse en Abril. Escribí los sucesos relevantes en tercios de papel, los recorté y junté las ideas y anotaciones relacionadas con chinchetas y clips. Manipular físicamente las escenas me permitió trabajar y pensar con sensaciones diversas, organizando y trasteando la información desde una perspectiva espacial.

Usar fichas de bibliotecario (hojas sueltas o post-it) con características de personajes, detalles, escenarios y escenas. Clasificadas y enumeradas, construyen patrones tales que si un paisaje con el número 69 se repite demasiado, o demasiado poco, llamará tu atención enseguida y podrás decidir qué quieres darle, o no, al lector.

Dibujar en pizarras blancas. Trazar esquemas de tu puño y letra ayuda a conectar con lo escrito; la libertad de borrar sin escrúpulos ayuda a aclararse entre descartes.

Por supuesto, nada de esto tiene sentido si no sale de ti contar algo y ese es otro problema que no se soluciona jugueteando. Pero si te atascas concibiendo cómo quieres relatar, juega pensando que es sólo el principio, que todo es alterable.

Toma las escaletas y outlines con la tranquilidad de una guía de cómo brindarás información a tu lector y recuerda que, aún sin completar el rompecabezas, solventarás escollos secundarios que aliviarán la presión y así, poco a poco, descubrirás cómo contar tu historia.

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