12 rituales esenciales (o no) para escribir

marzo 21, 2013 Comentarios desactivados en 12 rituales esenciales (o no) para escribir

The Ritual (Testament album)

(Photo credit: Wikipedia)

Las manías recurrentes, que en muchos casos se convierten en hábitos, siempre llaman la atención. Esos retazos cotidianos que nos abocan a la psique de las personas y nos ayudan a comprenderlas. Pensaba en ello leyendo este artículo de CopyBlogger que acerca costumbres de autores famosos. Pero disquisiciones mías aparte, me he permitido el lujo de añadir algunos puntos extra:

  1. Horizontalizar tu escritura…
    Winston Churchill, George Orwell o Mark Twain redactaban tirados en su cama. El primero aguantaba varias horas hasta plasmar un texto meritorio de ponerse en pie y se rumorea que es una manera eficiente de acercarse al duermevela creativo.
  2. …O verticalizarla
    En cambio, Ernest Hemingway y Albert Camus preferían escribir de pie. Una técnica que exige menos a la espalda y es ergonómicamente saludable. Está poniéndose de moda otra vez, así que si te da por probarla un día que tengas el lomo cargado, nadie te mirará raro.
  3. Caminar o pedalear sin rumbo…
    Ya hablé de esto anteriormente, pero es hora de un par de ejemplos famosos. Charles Dickens y Henry Miller intentaban perderse callejeando por donde vivían. La aleatoriedad, el encontrarse con nuevas calles u observar las habituales desde ángulos distintos, ejercitaban su inconsciente y la búsqueda relaciones en sus pensamientos.
  4. …O quedarte en el sitio
    Por otro lado, Richard Condon dijo que jamás había estado bloqueado, aunque había ocasiones en que las palabras no aparecían. Entonces echaba unas partidas de solitario en el propio escritorio. A veces eran diez, otras veinte y en una ocasión pasó tres días seguidos jugando. Lo importante, en cualquier caso, era no abandonar el lugar de trabajo.
  5. Escuchar música instrumental…
    Alce la mano quien jamás escribió, dibujó u ordenó su casa con John Williams, Harry Gregson-Williams, Mike Oldfield, Ennio Morricone o Danny Elfman de fondo. Pues eso. Es fácil percatarse de cómo unos acordes alteran nuestro estado anímico. ¿Por qué no aprovechar e incitarnos un estado de concentración y escribir?
  6. …O lírica.
    También los hay como Alec-Nevala Lee, confeso oyente a volumen bajo, que le pirra cuando una palabra resuena momentánteamente desde los altavoces estableciendo vínculos entre elementos del texto que nunca asociaría de otra manera.
  7. Discernir qué rato del día favorece la productividad.
    Amolda el día a tu escritura. Honoré de Balzac se levantaba a media noche, bebiendo café bien cargado hasta el alba. El ritmo de vida del siglo XVIII guarda poca o nula relación con el actual, pero piensa a qué horas y por cuánto tiempo trabajas mejor.
  8. Ponte ropa cómoda…
    John Cheever casi siempre escribía en calzoncillos y así ganó un Pulitzer. Que no es por desmerecer el Pulitzer, pero si a los artistas se les imagina con prendas ligeras, en pijama o en túnicas semitrasparentes de lino, por algo será. Eso sí, cuidado con el cuero, que lo carga el Diablo.
  9. …O vístete bien
    Según los exponentes de la nueva oleada de autoayuda, la percepción personal mejora y nos sentimos realizados en cuanto vestimos de calle. Si alguna vez te has sentido diferente al calzarte un traje, igual es momento de tirar prejuicios por la borda y probar. Quién sabe si ese cambio facilita el tomarte las cosas en serio.
  10. Invocar la inspiración…
    Steven Pressfield recita a Homero antes de escribir, llamando así a su musa. William Shakespeare, John Milton y Geoffrey Chaucer tenían rituales similares. Leer un clásico en voz alta, escuchar o cantar música o mirarte al espejo y piropearte, en el fondo, va de lo mismo: encontrar el subidón anímico.
  11. O buscar el silencio más absoluto
    Philip Roth y Richard Rhodes, por otro lado, sostenían que la quietud era la clave de todo. Desde la creación en perfecto aislamiento a la búsqueda de las agallas con que seguir en esto día tras día.
  12. Y el último recurso: tómate una copa o dos
    David Ogilvy bebía media botella de ron con el oratorio de Handel en el gramófono cuando se sentía poco dispuesto a escribir. Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Hunter S. Thompson y por supuesto Charles Bukowski, tienen suficiente alcohol en sus nombres como para prenderles fuego y que no se apagaran jamás.

Si crees que este post pretende decirte que lo que importa es que desarrolles hábitos con los que te sientas a gusto a la hora de escribir, has acertado. Tanto da qué sea, mientras te ayude a entrar en ese modo abierto que decía John Cleese y puedas, un rato cada día, crear libremente.

Más aún: ¿Qué más dará lo extraña que fuera tal o cual manía? Tú prueba, sorpréndete en mitad de un ritual nuevo y ajeno y diviértete, que al final es a lo que hemos venido.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo 12 rituales esenciales (o no) para escribir en Vincenzo Sastre.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: