Apuntes al terminar un borrador

abril 3, 2013 Comentarios desactivados en Apuntes al terminar un borrador

NYC - Queens - Astoria: Museum of the Moving I...

(Photo credit: wallyg)

El domingo terminé el primer borrador de la obra de teatro y me debato entre la alegría ocasionada por el punto final, el vacío al comprender que esta aventura creativa en concreto acaba ahí, una dosis de genuina sorpresa y la certeza de una larga cadena de reescrituras.

No me malinterpretes: me gusta la edición, desde tachar instintivamente con lápiz rojo párrafos enteros a rebuscar los flecos señalados por lectores a quienes confiaste tu texto y que, siempre, encuentran un agujero argumental, un gazapo o una disonancia. Esa sensación al arreglar los exabruptos mentales propios de las horas intempestivas de tecleo, de las jornadas de cabeza turbia o el exceso de café oliéndose entre las letras de diálogos más rápidos de la cuenta. El gustazo de desenredar frases y comprobar que los huesos y los tendones narrativos son capaces de sostener una historia que ignoro si gustará hasta el mismo día de su estreno.

Sin embargo, se acabó la creación. Contemplo con la definición de una película grabada en VHS el proceso de fragmentación de ideas en palabras que formaban escenas y actos; reina en mi cráneo el silencio mental de buscar  el olvido porque quiero editar tu trabajo como si fuera de otro; purgo la cafeína, domo el sueño errático y retomo el ritmo vital de persona civilizada tras el acelerón de la semana pasada.

Desapegarse es complicado. Todavía anoto ocurrencias y apunto frases sueltas en libretas pequeñas y en post-its, por si acaso; parches literarios que esperan ser usados, quizás en proyectos distintos, que me tranquiliza tener a mano como el tacto de las llaves por encima del bolsillo al salir de casa. Acudo a mis protagonistas cada vez que aparecen palabras relacionadas con esta historia, cada vez escucho un nombre femenino empezando por la letra eme, cada vez que pienso en amigos y amigas, presentes o pasados.

La premisa de la obra era dar vida a una conversación cómica de tres amigas y hasta aquí puedo contarte sobre el argumento, pero me resultó un reto interesante porque contaba con unos términos muy distintos a mi zona de confort. Se me antojaba un terreno encorsetado en el que jugar a salirme con la mía en los límites de la obra y, por supuesto, de mi propia experiencia cotidiana.

Y aún con ésas, reconozco perfectamente partes de mí en esos personajes (y no, no hay ninguna transexual). Porciones muy personales robadas por mi ficción, que se viste con ellas contra mi voluntad, abocándome a la pregunta de si todavía soy un novato. Sé que siempre manchamos de nosotros lo que escribimos —tema a tratar largo y tendido en otro momento—, aunque nunca sepamos cuánto y qué trascenderá. Jugamos al gato y al ratón durante la narración, huyendo de la burda filtración al verle la dentadura. Por eso sigo fascinado al descubrir, desde el refugio de final del borrador, que las dentelladas que esquivé fueron las hábiles indicaciones del perro pastor de mi inconsciente que, siendo mi pensamiento consciente su rebaño, me encaminó a otras confesiones diferentes sin advertirlo.

Y por cosas como ésta, escribo.

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