[Sin editar] Editar

abril 4, 2013 Comentarios desactivados en [Sin editar] Editar

Edited Version of First Book

(Photo credit: TheCreativePenn)

Ayer pensaba en el proceso de edición mientras escribía el post y me pregunté: “¿Qué es lo que más cuesta de una edición?”. Creo que la respuesta es controlar que no se meta en el trabajo que realizas en primer lugar.

Es decir: lo más complicado de editar es que no surja como un impulso horrible a la hora de estar escribiendo por primera vez un borrador. Ese momento en el que algo suena raro en tu cabeza y se activan todas las alarmas y rebuscas unas palabras, frases, párrafos atrás y decides que una fracción de tu texto no debería estar ahí, que mejor lo cambias, que en qué pensarías cuando escribiste eso.

Así que se me ha ocurrido que para celebrar ese pensamiento voy a ponerte un post aquí, sin corregir, hablando de cómo corregiré. Una especie de oxímoron metaliterario extraño.

Lo primero que voy a hacer con el primer borrador de la obra de teatro será dejarlo descansar. Olvidarme de qué escribí y cuándo, esperar a que las personas involucradas le echen un ojo, se tiren de los pelos, anoten todas sus ideas y, en un tiempo, me pongan de vuelta y media acerca de cómo se me ocurrió plantear una escena de una manera concreta, por qué un personaje parece más soso de lo que pinté en un primer momento y esa clase de observaciones.

Y es necesario ese momento de parón por varios motivos: el primero es porque cualquier proyecto, grande o pequeño, no se escribe, se reescribe; el segundo es porque se reescribe no una vez, sino mínimo dos; el tercero es que esas dos reescrituras —que suelen ser iniciales—, tienen un cometido por encima de todos: ajustar fallos estructurales.

Así que tengo bastante claro que tardaré, y tardarán, en comulgar con el texto y estar totalmente orgulloso de él.

Para afrontar las reescrituras sospecho que dibujaré varias veces esos momentos en los que la fuerza de la obra flaquea. O sea, una vez releído el todo, plantearé distintas versiones de las porciones identificadas como débiles. Darle la vuelta a la situación que chirría, eliminarla, hacerla seria, darle un toque épico. Cualquier cosa, cualquier “y si…”, que me otorgue una nueva perspectiva y le brinde fuerza.

Después de eso ampliaré el círculo de lectores del borrador, cruzaré los dedos y rezaré (en vano) para que no haya butrones que rellenar ni quebrados que arreglar y pueda, de una vez por todas, centrarme en cuestiones estilísticas tales como pulir los registros de los personajes, refrasear y limar las escenas, poco a poco y con ese chisporroteo eléctrico de estar en el tramo final de la aventura.

Y por último, cuando termine de editar y poner orden será hora de que un profesional ajeno a mí le eche un ojo. De mandar a mi criatura con algo de miedo y mucho de incertidumbre a su particular examen de Selectividad —siento haberle recordado el monstruo a los estudiantes que pudieran leerme—, y saber si finalmente, se hará una obra de provecho dentro y fuera de los escenarios.

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