5 formas de romper tu zona de confort literario

abril 9, 2013 Comentarios desactivados en 5 formas de romper tu zona de confort literario

Comfort Zone

(Photo credit: Trevor Blake)

¿Las palabras no salen? ¿El aburrimiento cae sobre ti como una losa? ¿Tienes ganas de darle una vuelta de tuerca a tu músculo creativo pero ignoras por dónde empezar? ¿Te apetece probar algo nuevo? ¿Sueno a teletienda? ¿Ya va siendo hora de dejar de preguntar? ¿Sabías que esto engancha una barbaridad?

La zona de confort son los gustos y actitudes que desempeñas tan bien que incluso toleras que te estorben porque más vale malo conocido que bueno por conocer. En la escritura es el terreno en el que sabes que eres capaz de bailar con tu lector. Algunos dominarán el drama recargado, otros la comedia ácida y directa y habrá enamorados de la musicalidad de la poesía. Sin embargo, al asomarse a cualquier registro diverso, les estalla el cráneo.

Es normal. Al afrontar ese tipo de retos recibimos un puñetazo en el hígado de pura humildad, amoratando las ínfulas durante un momento incómodo y lleno de dudas. Afortunadamente podemos transformarlo en un ejercicio divertido y alejarnos de la dicotomía de recoger los bártulos y dedicarnos al parchís o arremeter sin sentido contra el obstáculo.

Prueba tiempos diferentes. Si sueles a escribir en pasado transpórtate al futuro en una descripción de cómo será el mundo o redacta una carta con lo que sucede ahora mismo frente a ti. Aunque es la práctica más sencilla, descubrirás que cambiar el tiempo verbal obliga a malear tu implicación para con tus textos.

Distorsiona el punto de vista. Carga con tu opinión en aquello que tratarías asépticamente o escribe sin mezclarte un ápice. Muta el Yo por el Tú. Distanciarte o acercarte a la acción oxigenará tus trabajos y activará resortes creativos adormecidos.

Derrapa. Dicen que la clave de la narrativa está en el giro argumental. Aparcando cuánto hay de cierto en eso, es fácil darle a la tecla con una idea muy clara de adónde quieres llegar. Tal como estás, introduce el desconcierto con un problema, vira el timón y métete en aguas inhóspitas. Luego encuentra tu camino de vuelta.

Escribe personajes inusuales. Si tiendes a talantes serios y fatalistas crea una figura optimista y desenfadada. Si tus historias están repletas de protagonistas mundanos, piensa qué Dios podría visitarles. En mi obra de teatro desarrollo una trama con personalidades que jamás habría tocado ni por asomo y es una experiencia entrañable.

Sumérgete en un género desconocido. Deja por un momento el ambiente húmedo y oscuro de las ciudades policíacas y adéntrate en el surrealismo. Sal de romances típicos y tírate de cabeza a la fantasía épica. Olvida unos días los rollitos de autoayuda y escribe algo en lo que lo más sensible sea «tú lo que necesitas es follar» recreándote en sexo sucio y explícito.

Abandona lo lineal. Planteamiento, nudo, desenlace. Repetir. ¿Por qué no empezar por el final? Un in medias res como la copa de un pino partiendo de la situación central, o cuenta una historia a través de otras más pequeñas. ¡Descubre nuevos rompecabezas de información que ocultar y brindar al lector mientras enriqueces tus dotes de storytelling!

Desengáñate: esto tardará más que de la noche a la mañana. Insiste y con suerte, tres o seis meses después de entrar en esos pantanos, comprobarás que te mueves mucho mejor sobre géneros, prismas, personalidades y disciplinas narrativas de lo que creías.

Te recomiendo catar cada posibilidad poco a poco. Al principio será complicado y las horas lentas arrojarán pocas palabras y así debe ser. Combina estos ejercicios con tus textos habituales y evitarás quemarte teniendo un reto cotidiano. ¡A escribir!

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