Escritura peligrosa

abril 16, 2013 Comentarios desactivados en Escritura peligrosa

Danger: High Voltage

(Photo credit: Rhys Asplundh)

La primera vez que escuché el término Escritura Peligrosa fue en boca de Tony Jazz. Habló de Tom Spanbauer y Chuck Palahniuk, me hice con una copia de Ahora es el momento y mi cerebro se deshizo dentro del cráneo. De esos hombres sólo pueden salir cosas buenas.

Es fácil imaginar la lucha interna de enfrentarse a los demonios. En el fondo, lo hacemos todos, todos los días. Enterramos odios, frustraciones y miedos bajo capas de excusas. También nos ahogamos un poco. Luego seguimos nuestras vidas.

La Escritura Peligrosa te pide que te sientes y te expone un caso, o muchos, con piel de historias construidas con retazos de realidad. Así, perdiéndote ingenuamente en una trama ajena, el autor pela las capas de excusas como una cebolla. Tus mentiras y los instantes que no quieres ver quedan expuestos y descubres más monstruos ahí afuera; que sólo eres humano, que cualquiera puede dar asco.

Para eso, la escritura peligrosa prescinde de la tercera persona. ¿Alejarte de la narración y evitar la implicación? No, nada de ser cómplice de la hipocresía bienpensante. Creer que ver un cadáver por televisión es como observar tu reflejo en unos ojos brillantes de pupilas empañadas es una estupidez. Te están escribiendo, no hay por qué añadir más distancia.

Es minimalista. Aparta las descripciones grandilocuentes y captura momentos cotidianos. Entiende qué te perturba de la carne flácida y a la vez hinchada de la papada de un obeso, por qué se apega a tu garganta el olor de la sangre y a qué sabe el sexo cuando estás a punto de vomitar. Acaricia a través de eso el pavor de la mortalidad, de la vergüenza, los tabús o el fracaso. Las escenas cortas y contundentes, siempre con los mismos referentes de fondo, conforman el tema, el carro o el motor.

Despoja el texto de juicios de valor y se centra en la acción. Cada línea es una ventana a la realidad y que el lector dictamine, si se ve capaz. Hechos, hechos, hechos. Narra con la indiferencia de un ángel presenciando la situación.

Una familia de granjeros de Idaho no dice diferente, sino difrente; igual que el presentador de su programa favorito. Así se convierte a gente humilde en paletos de libro. Se quema la lengua hablada en el papel y otorga volumen a los personajes. Esas pinceladas de anarquía literaria se saltan las convenciones y dictan el ritmo del lector.

En la misma línea, rara vez usa adverbios abstractos. Adiós a los sufijos mente, a los pocos, a los muchos, a los lentos. Sustituye eso por imaginería real.

La escritura peligrosa es sinestesia. Párrafos y páginas sobre alguien o un lugar son un sinsentido cuando esa información se imbuye de sabores, olores o tactos. Las venas duras de un brazo, el aroma a desinfectante mezclado con vino barato y la amargura en la boca al acercarse. Esas palabras bastan al identificar a un yonki y son diseminables.

Coger el cuerpo y sus sensaciones, enmarcarlas en detalles ordinarios sin juzgar y usar frases concisas. Amy Hempel y su recolecta. Todo eso es escritura peligrosa.

Este sábado se lo contaba a Zalagath. Pero a ti también puede interesarte.

Anuncios

Etiquetado:, , , , ,

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Escritura peligrosa en Vincenzo Sastre.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: