Recondúcete

abril 18, 2013 Comentarios desactivados en Recondúcete

English: Sigmund Freud's signature.

(Photo credit: Wikipedia)

Según la Teoría del Psicoanálisis de Freud nuestro inconsciente se divide en el Ello (los deseos irracionales) y el Superyó (los límites aprendidos del entorno y cultura). Luego está el Yo, la voz negociante entre el Ello y el Superyó, tendiendo a la posición conservadora del segundo y evitando que los impulsos del primero nos descalabren.

No te asustes. Ni creo en Sigmund, ni vamos a hablar de sexo. Sólo quédate con la imagen.

El Yo es esa voz en tu fuero interno que te empuja a creer, mediante excusas extrañas y ominosos escenarios rocambolescos, que lo mejor será abandonar en lugar de probar y que es tontería arriesgar para acabar en decepción. Te acota en los límites de los miedos conocidos, aniquilando tu ánimo si te sorprende con la guardia baja.

Una manera de contrarrestar esas encerronas es reconduciendo el discurso. Mientras el Yo socava nuestras intenciones con premoniciones más oscuras que el café de Satán, la idea de que no merecemos la pena va calando. Y a menos que tiremos la toalla, debemos recordar que es mentira. Una íntima, pero mentira al fin y al cabo, desmontable a la luz de pequeñas verdades habitualmente olvidadas, como por ejemplo:

Tienes calidad suficiente. Incluso si aún fantaseas al respecto y te proporcionas un vértigo aterrador, piensa que es imposible agradar a siete mil millones de personas; sólo necesitas una fracción ínfima. El español es la segunda lengua más usada con cuatrocientos millones de practicantes. Cincuenta mil ventas son un best-seller; eso es el 0,01% de hispanohablantes. Ahora que la cifra apenas intimida, sigue escribiendo.

Hay gente que te lee. Ya llegarán los demás. Y aunque quizá serán menos de cuantos esperas, siempre serán más que si dejas de colocar tus manos en el teclado. Sigue escribiendo.

¿Cuántas personas te dieron las gracias por ponerle palabras a aquello que no sabían expresar? ¿Una? ¿Tres? Eso es más de lo que muchos pueden decir y lo conseguiste con tu punto de vista y tu experiencia. Los mismos ingredientes del núcleo de un texto. Sigue escribiendo.

Hace días encontré este GIF bajo el título “¿Qué pienso cuando felicitan mi escritura?”.

¡Mentiroso! ¡MENTIROSOOOO!

Es una sensación compartida por la inmensa mayoría de escritores. Habrá quien esté convencido de que sus relatos son maravillosos por definición y caerán en uno de los siguientes sacos, ordenados de menor a mayor: los talentosos, los autores consagrados y los creídos a dos telediarios de tragarse sus dientes. Tu crítica es la más feroz y también la que suele abocarte a fallos que cazarán otros. Lo bueno es que incluso en el peor de los casos existe material que aprovecharás sólo si sigues escribiendo.

Enfréntate a tu voz durante unos días. Comparte con tus amigos y familiares esos miedos y anota las respuestas que sean positivas y, más importante, verdad. Revísalas si tu Yo pretende desmoralizarte (lo que sucede aproximadamente cada veinte minutos, salvo al comer, beber, fumar y fornicar*). Pasado un tiempo notarás su presencia nuevamente y deberás repetir la operación. Con práctica será sencillo contradecir el discurso interior, con el tiempo podrás apoyarlo en hechos y pequeños éxitos.

¿Y mientras tanto? Sigue escribiendo.

*Vaya, al final sí que hubo algo de sexo.

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