Fake It Until You Make It?

junio 17, 2013 Comentarios desactivados en Fake It Until You Make It?

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(Photo credit: the|G|™)

Hay una actitud creciente en esta segunda venida del New Age de positivismo y buen rollito que empuja al Fake It Until You Make It. O lo que es lo mismo: Aparéntalo hasta conseguirlo.

La cosa va de lograr cambios en nuestra vida fingiendo aquello que queremos ser al transformarnos, que eso nos predispone a la evolución. O sea, que si eres una persona tímida, lo suyo es que actúes resuelta y desvergonzadamente, por poner un ejemplo.

Salvo que no me lo trago. No, al menos, en lo tocante a darle a la tecla.

Siguiendo el FIUYMI, deberíamos comenzar a comportarnos como escritores antes de ser escritores. Establecer unos horarios o abandonarse a la carencia de ellos, adoptar un estilo de vestir que incluya una bufanda o un fular, gafas de pasta y una fedora. Apuntarse a talleres literarios, chutarnos en vena clásicos de ayer y hoy y aguantar el tipo hasta entrar en la robusta crisálida de estereotipos trasnochados de la que emergen los autores de bien.

La mística absurda existe porque conviene fantasear para evitar perder la chaveta. Lo bohemio, los gatos, las drogas y el hedonismo de vivir más que trabajar son excentricidades alejadas del cotidiano de alguien que se gana el pan narrando o redactando. Así que empezar a aparentar desde ese terreno pantanoso es, en el mejor de los casos, tirar a la basura un tiempo valioso.

Incluso superando los tópicos y quemando páginas durante horas, queda otra red más sutil: la inseguridad. Aunque es normal dudar al principio, insistir en la farsa desconecta a la persona y  su voz, las palabras dubitativas se convierten en pañuelos de seda, los textos vacíos en sombreros ridículos y las acepciones pedantes en gafas de pasta. Destapada la mascarada, el lector deja de leer.

Este problema se agudiza al saberse expuesto. Los blogs y fanzines son maneras estupendas de empezar sin arriesgar demasiado, pero también de condicionar actitudes de showman (o showgirl), dando lugar a un segundo blindaje. Sucede que la gente lee a través de esas barreras como a través del cristal doble de los bancos y estudios de grabación. No obstante, aunque el autor perciba cierta protección y haga llegar sus textos, los demás no pueden tocarle ni escucharle. Y, de nuevo, el lector deja de leer.

Además, un showman cuida su apariencia con horas de maquillaje, rebuscando términos que nunca se usan, rodeando temas espinosos o vocalizando la profesión sin juntar dos letras. De ahí a pensar que es tontería seguir leyendo o escribir un poco cada día, hay un paso, pero… ¿quién tiene tiempo para eso cuando hay que figurar?

Tú.

Escribir es volcarse en lo que escribes y tratar de comunicar lo mejor y más naturalmente posible. Practicar y practicar hasta alcanzar un equilibrio entre eficiencia y fluidez. Punto.

Tarde o temprano, el mundo te criticará hagas lo que hagas y adoptar una pose resta energía, tiempo y lectores. Así las cosas, haz a tu aire y escribe, que todo lo demás es publicidad nociva.

Y si aún no estás seguro, déjame advertirte que uno de los mayores riesgos del FIUYMI literario es terminar en un Starbucks con pintas de sintecho gafapastoso. Tirándole una foto a tu máquina de escribir averiada con el instagram de tu iPhone. Mientras te abrasas la lengua con un café sobrevalorado y escuchas un grupo que no conoce ni su perra madre.

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