Las 20(-1) reglas de S.S. Van Dine para escribir ficción detectivesca

junio 18, 2013 Comentarios desactivados en Las 20(-1) reglas de S.S. Van Dine para escribir ficción detectivesca

Willard Huntington Wright (S. S. Van Dine), 19...

Willard Huntington Wright
(a.k.a. S. S. Van Dine)
(Photo credit: cliff1066™)

Me fascinan las historias de detectives. Puede que lo intuyeras cuando hablé de The Wire, aunque lo cierto es que tampoco es el mejor ejemplo y odio los procedimentales de la televisión. Sin embargo, el lento y calculado destape de la este tipo de ficción me parece el ejercicio narrativo más cercano a la prestidigitación.

Curioseando acerca de las mecánicas de esta clase de títulos topé con las reglas de S.S. Van Dine, Twenty Rules For Writing Detective Stories. Un tropezón poco fortuito cuando aparecen destacadas en las primeras diez páginas que Google vomita al preguntarle por “historias de detectives”. Lo que demuestra que colean con fuerza 85 años después de publicarse, incluso en el apartado final de los clichés.

Así que me he arremangado, la he despojado de vestigios literarios redundantes de principios de siglo pasado, y te la dejo aquí para tu uso y disfrute en una versión más ligera que la original:

Las historias de detectives son una especie de juego intelectual; un evento deportivo. Y para escribir historias detectivescas hay unas cuantas leyes bien definidas. Quizá no escritas, pero vinculantes, y a las que rinde honor todo urdidor de misterio literario respetado. Adjunto lo que es como un Credo, basado en la práctica de los grandes escritores de historias de detectives y en las incitaciones de la conciencia de un autor honesto. A saber:

  1. El lector debe tener las mismas oportunidades que el detective. Cada pista debe ser claramente indicada y descrita.
  2. Ningún truco o engaño debe usarse en el lector, salvo aquellos que el criminal, legítimamente, juegue al propio detective.
  3. No debe haber ningún interés amoroso. La idea es llevar a un criminal entre rejas, no parejas al altar.
  4. El detective o un oficial jamás será culpable.
  5. El culpable debe determinarse por deducciones lógicas, no por accidente, coincidencia o confesión. Solventar un caso con alguna de esas alternativas es tomarle el pelo al lector.
  6. La novela detectivesca debe tener un detective en ella, y un detective no es un detective hasta que detecta. Su función es amasar pistas que lleven a la persona que ensució sus manos en el primer capítulo. Llegar a las conclusiones sin el análisis de esas pistas es como un estudiante que busca las respuestas en la última página del libro.
  7. Debe haber un cadáver en la novela detectivesca, y cuanto más muerto, mejor. Trescientas páginas son demasiadas para un delito que no sea el homicidio.
  8. El crimen debe resolverse por medios estrictamente naturales, racionales y científicos. La pseudo-ciencia y artificios imaginativos y especulativos no deben ser tolerados. El lector quiere contrastar su ingenio con el del detective sin perderse por el mundo de los espíritus. Cuando el autor surca el reino de la fantasía atraviesa los límites de la ficción detectivesca, retozando en los territorios inexplorados de la aventura.
  9. Sólo debe haber un detective, un protagonista de las deducciones. Seguir el pensamiento de tres, cuatro, o a veces una horda de detectives, dispersa el interés y el hilo conductor del lector y es tan injusto como obligarlo a correr contra un equipo de relevos.
  10. El culpable debe ser una persona que juegue una parte importante de la historia, alguien con quien el lector sea familiar y le sea interesante.
  11. Un sirviente no debe ser elegido como el culpable. Es una solución demasiado fácil. El culpable debe ser una persona que merezca la pena, una que normalmente no levantaría sospechas.
  12. Debe haber un culpable sin importar cuántos crímenes se cometan. Puede haber un cómplice o un asistente menor, pero la responsabilidad completa y la indignación concentrada del lector deben recaer en un único par de hombros.
  13. Las sociedades secretas, camorras, mafias y demás no tienen cabida en una historia detectivesca. Un asesinato fascinante y hermoso se estropea al diluir la culpabilidad en una sociedad. Ningún asesino con clase que se precie querría semejante ventaja.
  14. Las claves del problema deben ser evidentes en todo momento para el lector suficientemente avispado. Es decir, si el lector relee el libro tras aprender la explicación del crimen, debe poder comprobar que la solución le miró a los ojos todo el rato. Que podría haber resuelto el crimen sin llegar al capítulo final si fuera igual de inteligente que el detective (sobreentendiendo que los lectores inteligentes a menudo resuelven el caso antes de terminar).
  15. Una novela detectivesca no debería contener largos pasajes descriptivos, sólo descripciones y definición de personajes suficientes para darle verosimilitud a la novela. La preocupación principal es definir un problema, analizarlo y encontrar una conclusión acertada.
  16. Un criminal profesional jamás debe cargar con la responsabilidad. Un crimen realmente fascinante es el cometido por un parroquiano o la solterona conocida por su caridad.
  17. El crimen en una historia de detectives nunca debe resultar ser un accidente o un suicidio. Semejante anti-clímax es robarle la confianza al lector.
  18. Los motivos de un asesinato deben ser personales. Las tramas internacionales o de políticas de guerra pertenecen a otra categoría de ficción. Un asesinato debe permanecer llano, reflejar las experiencias cotidianas del lector y darle salida a sus propios deseos y emociones reprimidos.
  19. Estos son algunos artificios que ningún escritor de historias detectivescas que se respete a sí mismo debería usar*. Fueron utilizadas demasiadas veces y resultan familiares a los amantes de la literatura criminal, convirtiéndose en una confesión de ineptitud y carencia de originalidad del autor:
    1. Determinar la culpabilidad del criminal comparando las colillas en la escena del crimen con la marca fumada por un sospechoso.
    2. La falsa sesión espiritista para aterrar y coaccionar al sospechoso hasta que confiese.
    3. Huellas digitales forjadas.
    4. Un maniquí-coartada.
    5. El perro que no ladra porque el sospechoso es familiar.
    6. Colgar la culpabilidad del crimen en un gemelo o un familiar que sea exactamente igual que la persona sospechosa aunque inocente.
    7. La jeringa hipodérmica y los restos de droga.
    8. Entregar al culpable encerrándolo en una habitación.
    9. Una prueba de asociación de palabras para culpabilizar.
    10. Una cifra o código descifrado eventualmente por el detective.

*(NdT): Y la razón principal por la que aborrezco las series procedimentales de televisión.

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