La chorrada (quizá no tan chorrada) del ASMR

julio 22, 2013 Comentarios desactivados en La chorrada (quizá no tan chorrada) del ASMR

Revive por un instante la calma y tranquilidad de encontrarte a punto de sucumbir a una siesta. No de las inducidas por el sopor de verano asfixiante o de las traicioneras tras una comida copiosa de invierno, sino de esas otras, serenas, que notas acercarse cuando algunos sonidos a tu alrededor ganan relevancia. Esas en las que tus pensamientos se mecen lentamente durante minutos, en ritmos nuevos que te llevan hacia un océano de concentración insólita.

Asocio esos minutos con el ASMR. La Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma engloba el rango de sensaciones placenteras desencadenadas por estímulos auditivos, visuales y cognitivos, desde un hormigueo hasta escalofríos.

Aunque lo cierto es que el ASMR no es nada. Y tampoco es exactamente nada.

No hay estudios que lo soporten ni cálculos realizados con seriedad. Teórica y prácticamente es eso, nada.

Sin embargo, también es un concepto. Es el conjunto de percepciones que manifiestan o proporcionan la concentración y que muchos comparan con los efectos conseguidos con la meditación o la hipnosis. Como descripción, me vale.

Meditar es una costumbre saludable y uno de los principales métodos de exterminación de días de palabras atascadas y sequía creativa. “¿Que no sabes qué escribir o no logras expresar lo que deseas? ¡Medita!”, te dicen. Te estiras en la cama o te reclinas en la silla, intentas relajarte y acallar las cavilaciones… y tardas menos de dos respiraciones profundas en percatarte del ruido en tu cabeza o de cuántas regiones corporales desconocidas pueden picarte a la vez. Pues vaya plan.

La meditación requiere una pausa y dedicar voluntariamente un rato en quietud a vaciarse de pensamientos. Detenerse totalmente en el ímpetu cotidiano puede ser terreno inexplorable para algunas personas y hay quien se abstrae ejercitándose o escuchando una voz monótona que le traslada a su particular estado meditativo. Sin olvidar, claro está,  aquellos tan incapaces de no pensar como de echar el freno.

Justo para esas causas perdidas existen los vídeos ASMR.

Una simple búsqueda en YouTube arroja más de dos millones y medio de resultados. Hay de todo, por supuesto: tipos espeluznantes, chicas con voz de trabajar con un números de teléfono carísimos, espectáculos musicales rocambolescos o, como en la cabecera, grabaciones de tintes humorísticos. Diferentes estímulos y temáticas exploradas, desde recopilaciones de sonidos corrientes a ejercicios de roleplaying, con el denominador común de buscar la paz mental.

Lo bueno del material ASMR es poder escucharlo donde y cuando te plazca, llevándolo en el reproductor mientras corres o dejando sonar pistas basadas en sonidos ambientales que difícilmente interferirán en tu  hilo de pensamiento productivo. Con suerte descubrirás insospechados murmullos relajantes y, en el peor de los casos, pasarás un rato curioso saltando entre vídeos relacionados.

Para mí el ASMR es a la concentración lo que un “me corro” al orgasmo: el nombre es lo de menos porque lo importante es que nos gusta experimentarlo. Y si esto del ASMR ni te llama ni te desatasca, igual es uno de esos días en los que deberías leer o editar en lugar de escribir. Que tampoco es pecado y sí una ciencia exacta.

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